La Ciudad Autónoma defendió ayer de nuevo que ha hecho todo lo posible para tener las playas a punto dentro de su ámbito competencial para iniciar la temporada de baño, que comenzó el miércoles, pero la lluvia de críticas que está cayendo sobre la actuación de las administraciones no amaina.
El temporal de abril llevó a la Delegación del Gobierno a pedir ayuda al Ministerio de Transición Ecológica para una intervención de emergencia que se ha visto atropellada por el tiempo. Los usuarios no tienen la culpa, pero la crítica debe ser justa para no animar a los representantes institucionales, a los políticos, a no hacer nada para no verse en la diana de la opinión pública.
El aporte de áridos en La Ribera y El Chorrillo se ha efectuado con materiales procedentes del Tarajal porque el Ministerio constató que, debido al efecto de las mareas, eran por su tamaño y características idóneos para las playas del centro (y Benítez), pues extraerlos de bancos submarinos exigiría utilizar una draga que precisa de un expediente de impacto ambiental que hubiera tardado entre 18 y 24 meses en tramitarse.
Es procedente esperar a que terminen las actuaciones correctoras que ya se han iniciado para emitir un juicio justo sobre el resultado final de las obras y de la arena, que nunca será como la de otros puntos del litoral español.
Los estudios del Ministerio certifican su idoneidad y salubridad, aunque su origen trae complicaciones en forma de polvo fino que se desprende con el secado de la arena y que solo el tiempo podrá llevarse de vuelta al mar. Las prisas no son buenas consejeras, pero la inacción tampoco es una receta aceptable.






