La polémica comienza a recordar la que se produjo hace ya varios cuando no se quería que la Virgen de Africa volviera a procesional por las calles de Ceuta, una vez que la talla había sido restaurada. Sin embargo, la presión de los ceutíes hizo que esta tradición del cinco de agosto no se perdiera, aunque algunos tuviera que dar su brazo a torcer. Pues lo mismo parece que ahora está ocurriendo con el Señor de Ceuta, con el Cristo de Medinaceli, con la imagen que más personas lleva detrás en la Semana Santa de esta tierra. Desde que los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca se han trasladado a su nueva sede en el Sardinero, la Iglesia está cerrada a cal y canto, porque ya no hay nadie para cuidarla. Por lo tanto, se impide de alguna manera que los fieles devotos del Cristo de Medinaceli no tengan la oportunidad de acercarse a él. La Cofradía no quiere entrar en ninguna polémica, como es lógico, porque la decisión ha partido del Obispo de Cádiz-Ceuta. Ellos habían preparado con gran alegría su Casa de Hermandad para que mientras no se arreglara esta dificultad, la imagen junto a la de la Virgen de los Dolores estuvieran cerca de los fieles, incluso habían preparado ya unos horarios para la visita e incluso la realización de cultos. Pero en la Iglesia manda quien manda y ante la decisión del Obispo nadie dice nada. Sin embargo, entendemos que no se puede cercenar de esta forma la fé de todo un pueblo.
La Iglesia no puede estar lejos de las peticiones de sus fieles y más en unos momentos desde luego donde se debe tener en cuenta cuales son las verdaderas necesidades de la feligresía. No es faltar a nadie, es simplemente solicitar que el Cristo de Medinaceli, que no olvidemos también es de todos los ceutíes, tenga al menos un mínimo de horas a la semana en que pueda ser visitado, bien en la Iglesia de San Ildefonso, o bien en la Casa de Hermanda. Lo que no puede estar es encerrado a cal y canto porque al Obispado no se le haya ocurrido otra solución, que existir, existen y muchas.





