Nueva entrega del culebrón Rachid Ahmed (y todavía quedan episodios). Tras su anunciada marcha del Gobierno y del partido, “harto de la forma en que se desenvuelve el PP con la corrupción”, ahora da una vuelta de tuerca a toda esta historia de escándalos tan esperpénticos que causarían risa de no ser asunto tan serio.
Ni 48 horas ha tardado el tránsfuga pepero en darle la vuelta a la tortilla para decir que con sus acusaciones de corrupción quiso refererirse a la “ética y moral”. Claro, se le olvidó cambiar la sala de prensa del Ayuntamiento por el patio de su casa, allí bien podría haberse confesado ante los periodistas para darnos una charla filosófica del nivel ético que dice tener para, así saber, qué es lo que puede llegar a asustarle de tal forma que le llevé a protagonizar el show del año. Hubiera estado bien.
Ahmed se lanzó a la piscina sin flotador. Él sabrá. Al resto ni le importa, ni va a perder tiempo en saber qué puede haber detrás del desconocido. Al único que sí parece haberle importado es al “tonto útil”, como le bautizó el concejal Aróstegui, de José Antonio Carracao, a quien se le abrieron las carnes, de nuevo, al escuchar las declaraciones de Ahmed hasta el punto de decidir enviar el asunto al “tribunal anticorrupción” (hasta en el uso de las terminologías jurídicas demuestra no saber ni lo que dice).
El que cree que será “próximo presidente de la Ciudad”, Carracao, habla de Gobierno “podrido y corrupto” basándose en lo manifestado por Ahmed. Nos queda que anuncie hoy una nueva comparecencia de prensa para concretar qué piensa ahora de la reculada histórica que, poco después, haría el propio Ahmed.
“No sé qué espera encontrar el PSOE llevando mis declaraciones a la Fiscalía Anticorrupción porque de lo que hablé, lo que motivó mi decisión, fue la corrupción ética y moral que he visto en el Ejecutivo de Vivas y sus desprecios hacia los diputados electos en general y hacia mí en concreto”, resumía el tránsfuga.
“Si la Fiscalía descubre a partir de ahí algún delito, bienvenido sea su hallazgo, pero tampoco creo que mis palabras vayan a servir de mucho en relación con los casos de corrupción económica conocidos a nivel nacional”, matizaba.
Así que, donde dije digo, digo Diego. El exviceconsejero atormentado empieza a deshacer la bola de nieve que él solito lanzó, suavizando las duras acusaciones ofrecidas el pasado lunes hasta situarlas en un ámbito en el que ni jueces ni fiscales tienen mucho que hacer.
¿Qué va a hacer Carracao?, ¿volver a los tribunales de la inquisición, llevar al “tribunal anticorrupción” (como él lo llama) impresiones éticas o morales de un exviceconsejero de pueblo? Sí, puede que la Audiencia Nacional esté realmente interesada en saber el grado de ética que pueda tener un tránsfuga que enciende la mecha para después reconvertirse en un bombero de medio pelo para ir apagando los fuegos a su manera.
La guerra particular de Ahmed y su ya exequipo dejó de serlo desde el momento en que su escandalera ha sido motivo de debate público generalizado. De Ahmed nunca se ha esperado nada porque fue incapaz de deslumbrar por su gestión para tener un peso ya no solo en el partido sino en las áreas de gestión encomendadas. Esa fue quizá su gran ruina. Pero ante eso poco puede hacerse más que trabajar por ser más preparado y gozar de unos puestos siempre negados a quien ha pasado sin pena ni gloria por el ámbito político, el gran desconocido.
Peor lo tiene Carracao, el que tras reconocer públicamente su complejo de Pantoja (ojo, mire donde ha terminado la vida de la tonallidera) queda en evidencia ante el resto y ante su propio partido. Claro, situarse ante los demás al frente de la lucha “contra el sistema corrupto que permite que unos cuantos coman en Ceuta lo de todos” parece ser algo más propio de un sainete que de una acción política de quien, queramos o no, es el cabeza visible del histórico PSOE.
“Quien quiera, que nos siga, porque si seguimos en este barco nos vamos a hundir todos”, llegó a denunciar ayer, dibujando el actual panorama político más cercano a las cloacas que a un equipo de personas que trabajan, con sus errores o no, por gestionar la ciudad. Por criticar, ha llegado a poner en evidencia a Caballas, haciendo oposición contra la oposición (¿descabellado no?, pues el socialisto lo consigue) al acusarle, prácticamente, de estar vendidos a don Juan y su séquito.
La pregunta que habría que hacer al que se erige en reflejo de la moralidad sin que nadie le haya votado es qué sistema corrupto va a llevar a los tribunales si hasta el propio Ahmed sitúa su queja en un ámbito puramente sentimental, más propio de la pataleta del niño protegido por ser quién era, que quiso ser consejero pero siempre se quedó en el camino.
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