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El problema de la inmigración ilegal

Estaremos a las puertas de un verano movido en materia de inmigración ilegal? La fuerte presión de africanos existente en las proximidades de Ceuta y Melilla, especialmente en esta última, hacia donde parece que las mafias han derivado la corriente, junto con las entradas que se vienen registrando por nuestras aguas así lo hacen temer con la llegada del buen tiempo.
La situación que está viviendo la ciudad hermana no es de recibo. Que los inmigrantes osen entrar masivamente por la fuerza, recurriendo cada vez más a la violencia, para evitar su detención, es ya el colmo. La utilización de palos, machetes o cuchillos contra los agentes de la autoridad es inquietante por el efecto contagio que pudiera generar. Policía y Guardia Civil de fronteras han alertado de ello y piden, con toda la razón, cambios en la normativa.
Quienes asalten nuestras fronteras por las bravas deberían ser expulsados automáticamente sin la menor opción a ingresar en centros de internamiento, como se han pronunciado sindicatos policiales y la AUGC. Sucedió con los kamikazes de la frontera melillense y, desde entonces, nadie ha optado por recurrir a tal tentativa. El propio presidente Vivas compartía esta semana la reivindicación de Imbroda, su homólogo melillense, abogando por la pertinente reforma de la Ley de Extranjería que posibilite la expulsión inmediata del territorio nacional a quienes recurran a fórmulas violentas de entradas.
El papel de Marruecos es clave para parar las corrientes migratorias del continente africano. Guste o no, el freno detrás de la valla es fundamental. Y me viene ahora a la mente el siempre bien recordado Fructuoso Miaja cuando, a los pocos días de materializarse el ingreso de España en Europa, me decía con su bonachona y serena sonrisa: “Ahora sí que podemos estar tranquilos y más seguros que nunca los ceutíes respecto a Marruecos y no sólo por sus reivindicaciones territoriales”. Puestos a imaginar, me pregunto qué habría sido de nuestras dos ciudades con la actual oleada de africanos dispuestos a invadir sus fronteras en el contexto de una España, aislada y fuera de la UE y con la ya vieja reivindicación marroquí. El papel del vecino país en toda esta problemática, dada su condición de socio preferente y aliado de la UE, es de lógica. Otra cosa sería saber a qué precio.
La Agencia Europea de Fronteras (Frontex) alertaba en su Informe Anual de Riesgo  del pasado año sobre la debilidad de las fronteras de Ceuta y Melilla, convertidas en el mayor dolor de cabeza del perímetro exterior de la UE, y por la llegada de inmigrantes en barcas de juguete o a nado. Informe en el que se nos reconocía como la segunda “frontera terrestre” más importante de toda la Unión, con “más de diez millones de entradas anuales”, sólo superada por el confín entre Eslovenia y Croacia. Si así se nos contempla, ¿para cuándo una mayor implicación europea en esta problemática?
Como bien decía el delegado del Gobierno de Melilla, “la protección de la frontera es imprescindible para la defensa de la soberanía de un país”. Algo que cierta progresía barata o tantos utópicos al uso no quieren ver, abrazados a lo políticamente correcto y envueltos en su halo de santidad mesiánica. Ni nuestras dos ciudades tienen capacidad de absorber a las miles de criaturas que pretenden entrar en ellas ni tampoco España, con sus más de seis millones de parados, está en condiciones de acoger a media África. ¿Dónde siguen aquellos de los papeles para todos? Menos hipocresía y más realismo.
Según el presidente de la Asociación de Amigos del Pueblo Marroquí, seis de cada diez marroquíes que viven en España se encuentran en paro. En Mallorca, ocho de cada diez personas atendidas por Cáritas el pasado año eran inmigrantes. Por otro lado, el colectivo de senegaleses pide a las autoridades españolas que se les subvencione la salida a los que quieran retornar a su país. Es más, en su marcha reivindicativa reclamaban también “una alternativa” para la venta ambulante y el cese de la “represión policial” contra la misma. Una actividad, cada vez mayor, que preocupa seriamente a muchísimos municipios turísticos por las derivaciones que va tomando. Y así podríamos seguir con otros hechos de actualidad.
Si en el primer trimestre del año, según los datos de la Guardia Civil, se habían interceptado a 223 inmigrantes a bordo de pequeñas embarcaciones, frente a los sólo 55 del anterior, es de temer un verano movido. Algo en lo que, efectivamente, Marruecos tendría mucho que hacer, máxime con el tratado de readmisión firmado por ambos países en 1992 y que, por fin, Marruecos ratificó el pasado octubre. De cumplirse a rajatabla, ninguna balsa o similar llegaría a territorio español, y todos los inmigrantes que saltasen la valla serían devueltos inmediatamente. Algo puede estar tratándose en las altas esferas, por lo menos así se dice en la hermana Melilla.

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