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El precio de los alimentos

Por Redacción
31/03/2013 - 08:48

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En los años anteriores a la revolución industrial los cereales constituían la base de la alimentación, y la manutención del pueblo dependía de las cosechas. Si esta había sido abundante, ese año la posibilidad de morir de hambre disminuía, en caso contrario, la gente se veía abocada a la desnutrición más severa. La abundancia o la escasez era la que marcaba el precio de los productos, en especial el del cereal-trigo. Para paliar este problema se habían creado desde la edad media, los positos, o graneros municipales donde se almacenaba el trigo excedente en los años de bonanza para poder compensar aquellos otros en los que la carestía era grande.
Más tarde, con los avances de la navegación, las ciudades costeras obtuvieron una ventaja a la hora de comprar el cereal en los años de carestía, ya que siempre era más barato su transporte por mar desde lugares lejanos donde la cosecha hubiera sido abundante, que comprarlos en las áreas rurales de escasa producción coyuntural.
En el caso de Ceuta no podemos hablar de la existencia de positos municipales, sino solamente de los almacenes del abasto que podían acoger una cierta cantidad de granos para distribuirlo entre los distintos estamentos de su población. Por otro lado sí era factible su adquisición a través del mar, aunque en este sentido debemos de decir que las mismas inclemencias que sufrían las poblaciones del sur peninsular, las sufría Ceuta en lo concerniente a la compra de grano. Era quizás por esta deficiencia en algunos años por lo que el precio del trigo osciló mucho a lo largo del siglo XVIII. Entre 1771 y 1798 el precio de trigo se  movió entre los 30,25 reales de vellón en el año agrícola de 1783-1784, hasta los 62,88 reales de 1797-1798. Se observa una tendencia al alza que se materializa especialmente en los años finales del siglo, cuando el bloqueo inglés a causa de la guerra que mantenía España con los británicos por su alianza con Francia, hizo que los precios se dispararan.
Tanto el trigo como la harina eran los componentes básicos del precio del pan, que tuvo un costo de entre 3 y 7 cuartos la pieza, dependiendo del tipo que se elaborase (de 12 o de 14 onzas). Una variedad que alcanzaba precios exorbitantes era la del llamado pan francés, que tenía una textura especial al elaborarse con harina denominada de Filadelfia, y que podría corresponder al actual brioche galo. Era un pan que solo se servía en las mesas de los altos mandos militares.
Otros tipos de cereales formaban también parte de la dieta alimenticia. Entre ellos destaca el arroz que aparecía con frecuencia en la llamada dieta de pescado. Su procedencia era, como no podía ser de otra manera, de Valencia, aunque también se importaban cantidades determinadas desde La Carolina (Estados Unidos). Su precio osciló entre 17 y 30 reales la arroba, refiriéndonos al precio al por mayor.
Las legumbres también formaban parte de la dieta ceutí. Los garbanzos procedían, en su mayor parte, de la vega del Guadalquivir y su precio variaba asimismo según las cosechas, llegando a alcanzar hasta los 104 reales por arroba. Las habichuelas adquirieron una gran importancia en la cultura alimenticia ceutí, así como las habas, género que servía también para la alimentación de los cerdos.
El aceite era un producto de primera necesidad, no solo para la alimentación, sino especialmente para la iluminación urbana. Su precio en almacén osciló entre los 20 y los 70 reales/arroba, mientras que su venta al público se estableció entre los 11 y los 20 cuartos el cuartillo.
Por su parte el vino representaba mas del 13 por ciento de los encargos que hacía la junta de abastos y su precio venta al público en las tabernas osciló entre los 4 y los 8 reales el cuartillo. El consumo de vino se relacionaba con el vinagre, que tenía principalmente una utilidad higiénica y desinfectante. Su procedencia era la misma que la del vino.
El precio del aguardiente era elevado al tratarse de un elemento esencial y además, como ya se ha dicho, tener incrementado su valor con los derechos reales. El precio más elevado se alcanzó en 1780, año en el que la arroba de aguardiente fuerte llego a costar 65 reales, vendiéndose al público a 4 reales el cuartillo.
Uno de los renglones de mayor dificultad y más caro era el de las carnes. En Ceuta se consumía de vaca, de cerdo y de carnero y se daba la circunstancia de que cuando escaseaba uno aumentaba el consumo del otro. De esta manera se conseguía paliar algo el elevado precio que alcazaba la carne en algunos momentos. Las tres variedades señaladas también se alternaban en su consumo de acuerdo con la estacionalidad de la producción y de las festividades religiosas. Hasta marzo la costumbre era consumir tan solo los productos de la matanza del cerdo, pero con la llegada de la Cuaresma se frenaba este consumo. A partir de junio aumentaba la venta de carne de vacuno, procedente de las reses que hasta entonces habían estado pastando en la dehesa de Algeciras. Como se ha dicho, el contrato del comercio de la carne establecida taxativamente la obligación de que las reses llegaran a Ceuta vivas.
Conocemos también el precio del jamón, que en 1781 llegó a valer 21 cuartos la libra, del chorizo, 12 cuartos y de la morcilla, que era de 24 cuartos. De todas maneras estos tres últimos alimentos no eran de consumo cotidiano en Ceuta en el siglo XVIII. Del cerdo se obtenía también los menudos y quebrantos, así como el tocino y la manteca. El precio del tocino fluctuaba entre 12 cuartos la libra y los 32 de 1798. Todos estos géneros se confeccionaban en Ceuta donde se hacía también la matanza. La manteca sin embargo procedía en su mayor parte de Flandes y La gallina y los huevos se compraban a los barcos marroquíes que arribaban a su puerto.
La leche era un alimento escaso entre la población ceutí del dieciocho, de tal manera que en muchas ocasiones se consumía solamente bajo prescripción médica. El cuartillo de leche se despachaba entre 5 y 8 cuartos.
Pero si hay un producto del que pudiera autoabastecerse Ceuta, este era el pescado. Se obtenía de dos maneras: bien mediante el anclaje de la almadraba, que era propiedad de la Iglesia que la arrendaba a particulares, como a la ya citada familia de comerciantes de los Shiaffinos; o bien mediante la pesca autónoma que ejercían los soldados o presidiarios en botes, con lo que lograban un suplemento a su dieta alimenticia. Los libros de protocolos notariales de Ceuta (ubicados en la actualidad en Algeciras), contienen algunos contratos de compra y ventas de embarcaciones por algunos militares, para dedicarse a este tipo de actividad productiva. De cualquier modo, salir de pesca no era en este siglo un deporte, sino una necesidad, y no estaba exenta de graves peligros, entre ellos el más mortífero, el de ataques desde las costa marroquíes.
El consumo de nieve, procedente de la Sierra de las Nieves en la serranía rondeña, y los fideos, elaborados a finales de siglo por una fábrica situada en Ceuta y propiedad de Antonio María Shiaffino, que abastecía a la ciudad a razón de 150 fanegas anuales, eran géneros que podríamos clasificar como de “lujo” en estas fechas.
El precio de los géneros depende de, entre otras razones, la demanda y esta del poder adquisitivo de la población. Según este juego de oferta y demanda se produce una fluctuación del índice del coste de la vida. Para el caso de Ceuta, y tomando como géneros de referencia aquellos que suponían la base de la alimentación, observamos que, en la segunda mitad del siglo XVIII, los precios fuero en ascenso, pasando del índice 56,3 en el quinquenio 1771-1775, hasta el 67,5 en el de 1791-1795; 11,2 puntos en el espacio de 20 años. Si aplicamos el rasero actual, podríamos decir que la inflación en Ceuta en estas fechas no fue muy alta. Salvaba la situación el hecho de que sospechamos que los precios a los que los mercaderes vendían los productos en Ceuta estaban modificados a la baja. En compensación los asentistas conseguían ventajas del estado como la concesión de otros asientos, abastecimiento de tropas, etc. De esta manera el suministro no alcanzaba precios prohibitivos que pudieran ocasionar graves conflictos en una ciudad como Ceuta.

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