La noticia la adelantó ayer el diario ‘El País’: los islamistas se proclaman ganadores, por vez primera, de las elecciones en Marruecos, por lo que, siguiendo el mandato constitucional, el rey tendrá que nombrar primer ministro a un miembro del PJD. De los 288 escaños ya atribuidos obtienen 80 y casi duplican al segundo partido, el Istiqlal, que logra 45 diputados.
En tercer y cuarto lugar figuran dos “partidos de la administración”: Reagrupamiento Nacional de los Independientes (RNI), que cosecha 38 escaños, y del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), que obtiene 33. En quinto lugar figuran los socialistas con tan solo 33 escaños.
En sufragios, la diferencia entre los islamistas (28,5%) y sus principales rivales es algo mayor que en escaños porque el sistema electoral perjudica el voto urbano y favorece al rural.
La victoria islamista sigue la senda de las logradas en otros comicios del norte como sucedió en Túnez. En el caso del PJD, en su programa, del que ya se hizo eco este medio en un reportaje sobre las elecciones alauitas, se compromete a intentar “abrir un diálogo” con España sobre la situación de “las ciudades ocupadas” de Ceuta y Melilla, así como a llevar de nuevo el asunto al Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.
La reivindicación de las hermanas se presenta como una cuestión prácticamente de Estado, de defensa de los intereses nacionales y constituye una de las reclamaciones en las que insisten, en sus programas, los partidos marroquíes.
Para el coordinador del programa electoral del PJD, Mustafá Khalfi, “se trata de un cambio histórico”. La nueva Carta Magna ha supuesto un recorte de las atribuciones del monarca en beneficio del jefe del Gobierno, que, por ejemplo, podrá ahora nombrar a todos los ministros excepto al de Asuntos Religiosos, que sigue dependiendo del rey.





