Al secretario general de los socialistas le gusta la aparición en los medios. No se pierde una, pues no tuvo ningún reparo en contestar a la información que se publicó el otro día en este medio de comunicación. Soltó una perorata sobre la querella que le presentó el presidente de la Ciudad por unas declaraciones suyas en torno al famoso vídeo de Pedro Gordillo. Y le tengo que dar una pequeña razón en la forma, pero no en el fondo. Lo que se había publicado sobre que Vivas le había perdonado una querella era cierto, la única diferencia es que la misma no se presentó porque hubo antes una llamada del anterior delegado del Gobierno pidiendo que no se llegara a consumar dicha denuncia. Vivas sí encargó a los servicios jurídicos de la Ciudad (es lógico que los utilice porque las acusaciones de Carracao se concernían a actuaciones como presidente de todos los ceutíes) la presentación de una demanda por las distintas opiniones vertidas por el secretario general de los socialistas sobre el famoso vídeo que se colgó en YouTube. Lo que sucedió es que cuando la misma ya estaba redactada, el entonces delegado, José Fernández Chacón, telefoneó para que no siguiera adelante y se presentara ante el Juzgado de Guardia correspondiente. Y Vivas atendió la petición de Chacón. Lo que sí supongo es que aunque el señor Carracao afirme que siempre está dispuesto a asumir las consecuencias de su labor de oposición, incluidas las demandas, el telefonazo de su anterior jefe no creo que fuera de motu propio y sin que lo supiera quien era su asesor. Por tanto, que quede claro, sí hubo una demanda que le perdonó Juan Vivas a José Antonio Carracao.
Pasemos a otro punto que en la información nada más que ocupaba una línea, pero que en la carta publicada ayer de Carracao sí tiene una extensión mucho más larga. Hablo de las traiciones o, si lo prefieren, las utilizaciones de personajes importantes del socialismo (categoría a la que usted no ha llegado todavía y dudo que lo haga) para su beneficio. Y comencemos a dar nombres y apellidos.
En primer lugar, María Antonia Palomo, la persona que le nombró asesor del grupo parlamentario en la Asamblea y que luego habló con el entonces delegado del Gobierno, Genaro García Arreciado, para que le nombrara asesor de la Delegación. Fue además la política que le llevó hasta la Ejecutiva. ¿Nos preguntamos las razones por las cuales tiene esa obsesión especial el secretario general de los socialistas por el área de Menores cuya máxima responsable profesional es María Antonia Palomo, sin dudar en cuestionar precisamente el trabajo de la que ella es máxima responsable?
En segundo lugar, Salvador de la Encina, quien en un momento determinado fue presidente de la gestora del PSOE. A él le tocó la responsabilidad de buscar a quien llevara el timón del partido tras la refundación y donde, a pesar que más de uno, dentro y fuera del partido, le pusieron pegas por el dedazo sobre Carracao la respuesta que tenía no podía ser otra: “¿Es que hay otra cosa?”. Él tuvo que hacerle el trabajo sucio de expulsar a los críticos para que no perdiera el Congreso, pero aquellos nombres los dio usted, escondiéndose detrás de Salvador acusándole de ser quien apartaba a gente del partido cuando fue usted quien hizo la criba para apartarse a los que le molestaban porque podían hacerle sombra.
Fue a Salvador, su padrino, al que prácticamente llamaron “cuasimafioso” en un medio de comunicación el mismo día en que entronizaron a Carracao como secretario general. Resulta que ahora ese es el medio que se convierten en su compañero de viaje... ¡qué curioso!, ¿y aún se pregunta donde están esas traiciones?, ¡pero si ha llegado a suspender hasta encuentros de partido por reunirse con su nuevo amigo de batallas!, ¿qué defiende el socialismo o su interés?
Memoria olvidadiza la que tiene el portavoz en la Asamblea. Salvador de la Encina, quien seguramente no tardó muchos meses en arrepentirse por la elección que había hecho, admitió esta situación de no dar marcha atrás. Y podíamos seguir nombrando a más de uno. Personas de su propia Ejecutiva que le consideran, aparte de escasamente preparado, un dictador, que no deja mover papel a nadie, que solamente quiere el protagonismo y que no acepta una crítica, porque prefiere estar rodeado de palmeros.
Un último apunte: se queja de una constante campaña de desprestigio desde este medio de comunicación. Por un lado, usted no sabe lo que es una campaña de desprestigio, no tiene ni idea. Por cierto, no se vaya a columpiar con tanto vender su pulcritud... no es muy digno ocultar las meteduras de pata judiciales de gente que le rodea. Pero, tiempo al tiempo.
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