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El músculo

Honda preocupación tenemos con el cuadro de recursos humanos en la atención a la salud mental. Así que, esperemos que los gestores sepan manejar la situación, y se proporcionen los cuidados y los acompañamientos necesarios.

Sin embargo, este es un razonamiento que va a mayores. Me refiero a la salud mental como asignatura del Estado de Bienestar, y del lugar que debería ocupar dentro de él.

Muchas veces, los políticos argumentan la probidad de una medida al objeto de converger con Europa. Me parece una feliz idea, de manera que, llevándola a mi terreno, reclamo la inyección de 4000 millones de euros al Sistema Nacional de Salud, y en concreto a la especialidad de salud mental.

De este modo, podríamos implantar poco a poco nuestro modelo de atención psicosocial integral, donde el derecho a una salud mental de calidad alcanzaría su mayor expresión.

Claro que aquí nos encontramos con una barrera impracticable: no hay recursos, no hay músculo.

A lo que yo propongo un argumento alternativo, y que respete la lógica de una Administración responsable.

Para ello, vamos a visualizar el Estado de Bienestar como si fuera un enorme edificio. Para lograr su estabilidad o descanso necesitamos dos arbotantes o contrafuertes.

Por un lado, el civismo, y todo el margen de mejora que se deriva de ello (la ejemplaridad, la cultura, el conservacionismo, la buena vecindad, etc).

Por otro lado, el segundo arbotante sería la salud mental. Si hacemos un rápido test de estrés para comprobar en qué estado se encuentra, aparecen tres realidades: 500.000 bajas laborales por malestar psíquico; tres millones de personas a base de psicofármacos; y cientos de pacientes ingresando y reingresando cada día, a falta de ese modelo de atención integral.

En este punto, la conclusión es clara: no hay tesorería ni hacienda que soporte este peso. Mal asunto dejar la salud mental en manos del azar.

Entonces, ¿cómo podemos sanear esta estructura?

Solo hay una política reconstituyente: la promoción de la salud mental en toda su extensión. Esta política consiste en empezar a trabajar la salud mental, no solo cuando aparece un problema significativo, sino vigilando su calidad en todos los ámbitos de la sociedad.

Es más eficiente trabajar la salud mental según una escala de calidad, que no en una escala de gravedad, cuando la escasez de recursos hace que salten las costuras.

Si tenemos fe, en el medio plazo podría haber brotes verdes, se podrían mejorar las cifras, y el Estado de Bienestar dejaría de estar tensionado.

No soy contable ni autoridad, pero tengo la certeza que “ahorrar es ingresar”, ya que en ambos casos aumenta el disponible.

La prevención y la promoción son dos ideas que aparecen en la Estrategia Nacional de Salud Mental, pero se las deja escapar con demasiada ligereza.

Ahí está el futuro del abordaje en Salud Mental. Ahí está el músculo.

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