




Un Viernes Santo sin la Virgen del Mayor Dolor en la calle es más triste. Al ‘luto’ por la muerte de Jesucristo se le unió el no ver a la Señora en la calle.
La Hermandad decidía el día antes que su paso de palio no realizaría la Estación de Penitencia. La “incapacidad para formar una cuadrilla completa” fue el motivo, comunicó.
Ver a la veintena de costaleros de la Virgen que se acercaron a la Iglesia de los Remedios con rostros abatidos y sintiéndose extraños al no estar colocándose el costal o la faja era un poema, un triste poema para un triste Viernes Santo.
La gran expectación del día y casi de toda la Semana Santa de Ceuta era poder ver por las calles, e iluminada por su candelería de plata, su palio restaurado y siguiendo el diseño original de talleres Olmo, con casi un siglo de historia y puesto a punto por el taller de Jesús Rosado. Un palio bordado en oro sobre tela morada y que fue propiedad nada menos que de una de las ‘señoras’ de Sevilla, la Esperanza de Triana, cuya restauración mereció una dedicatoria especial en los medios de comunicación hispalenses e, incluso y una vez listo, su presentación en la Capilla de los Marineros.
Pero los caballas se quedaron con las ganas. Después de que la solemne cabeza del Señor de la Buena Muerte superara el dintel de la puerta principal de la Iglesia de los Remedios, no fueron pocos los presentes que, decepcionados, observaban (atónitos los no informados) cómo las puertas del templo se cerraban tras el paso dorado. Dentro quedarían los costaleros y capataces del paso de palio, dispuestos a acompañar a su engalanada Virgen mientras durase la Estación de Penitencia de una Hermandad que sí abriría sus puertas y permitía a los ceutíes ver de cerca al Mayor Dolor.
Una ‘puntilla’ para una Hermandad de los Remedios que no pasa por su mejor momento. Una Cofradía que antaño fue de las de más solera en Ceuta, con un patrimonio incomparable y con las imágenes de sus dos Titulares, la Buena Muerte del prestigioso sevillano Castillo Lastrucci y el Mayor Dolor de Juan de Astorga, como sus principales atracciones.
Pero todo ese esplendor quedó durante la tarde del viernes muy lejos ante el silencioso andar de su paso por las calles de Ceuta al son de un pequeño grupo de música de cámara, un paso que siempre paseó por nuestras calles al son de los tambores y las cornetas. Un drástico cambio en su forma de procesionar la de la Hermandad de los Remedios que no termina de convencer a la mayoría de los ceutíes, que no reconocen la todavía extraña negra túnica de sus nazarenos, y que se sorprende cuando le llaman la atención por aplaudir después de cada ‘levantá’, ya que no termina de estar del todo claro si es una Hermandad de Silencio o no a día de hoy.
Falta de previsión
Cuesta creer que una Hermandad tan veterana como Los Remedios pueda caer en errores como el que se produjo al poco de la salida. Justo enfrente de la Peluquería Galindo, tras dejar atrás la cuesta de Agustina de Aragón, un cable que cruzaba la calle obligó a detener el cortejo durante muchos minutos. Después de que bajaran la imagen del ‘Cristo’, tal como hacen para poder pasar por la puerta del templo, hasta la altura de las rodillas, y sin ser suficiente para poder pasar sin poner en peligro la integridad de la imagen, Hermanos y capataces observaban las alturas como esperando que el problema se arreglase por sí solo.
Pero lo más esperpéntico aún no había ocurrido. Uno de los ‘diputados de tramo’, ejerciendo de héroe, pero a la inversa, se quitó en medio del gentío su antifaz y capirote, contraviniendo así cualquier regla de una hermandad seria, y a la carrera acompañado por un costalero a la voz de “tú, conmigo”, apareció con una pértiga tras acudir a la Casa de Hermandad, que se encontraba a solo unos pasos. Fue él mismo, aún con su indumentaria de nazareno y sin antifaz, el que se encargó de levantar los cables que surgían en el camino ante el jolgorio de los presentes, que aplaudían cada vez que la cruz de la Buena Muerte superaba el obstáculo.
Un triste espectáculo, sin duda, para una triste tarde de Viernes Santo.






