La sinceridad que despide Rocío roba las preguntas y también las palabras. La joven, de 23 años, dice que es ilusionante que la Asociación Síndrome de Down vuelva a contar con ella para trabajar en la recepción del centro.
Será dentro del cupo de personas con discapacidad que establece el Plan de Empleo. Dice que sin esta asociación, sin su familia, sin su sobrina Gema, “un ángel”, y sin Marina, pedagoga de la asociación, su vida hubiera sido distinta. Que si no hubiera entrada en el centro con 11 años, no habría conseguido dinamitar las barreras que se le presentan. Que si “todos estos” no le hubieran apoyado cuando se topaba con las dificultades, sería otra Rocío. ¿Cómo? “Otra Rocío”.
La joven les agradece el apoyo. Sabe que le han hecho un corte de mangas a una sociedad asfixiada por el corsé de los prejuicios. Una sociedad que aún piensa que personas como ella, con Síndrome de Down, no pueden tener autonomía.
Rocío firmará el día 5 de octubre un contrato de seis meses, a media jornada y con la tutela de la pedagoga del centro. Comenzará a trabajar el 18 de octubre. Las tareas que tendrá que realizar: “Lo normal en una recepción”, suelta avispada la joven. “Tendré que coger el teléfono, controlar que los chicos salgan con sus familiares, apuntar quien entra y sale, atender a la gente, fotocopiar”. ¿Nervios? “Para nada, estoy acostumbrada, quiero ser secretaria”.
Rocío ya demostró hace dos años, en la asociación, que podía trabajar en la recepción. “Claro que puedo”. La joven estudió hasta 2º de ESO. Luego pasó al Instituto Almina, donde entró en un programa de garantía social y se formó como Auxiliar de Hostelería. Y como Auxiliar de Jardinería. “Para Jardinería hice las prácticas en el Parque del Mediterráneo, y la verdad es que me gustó. De la hostelería,...”. Se calla, luego se lo piensa y lo suelta: “La hostelería, sinceramente no es lo mío”. Cuenta Rocío que la timidez es su talón de Aquiles. Una rémora que tiene que eliminar. Pero se acabará desprendiendo de la vergüenza. Menuda es ella para superar retos.
Hace dos años pisó la recepción de la Asociación de Síndrome de Down, ya se ha dicho. Fue otro Plan de Empleo. Dice Rocío que sonaba el teléfono y no podía cogerlo. Que le daba corte. Se ríe, sabe que ahora mirará de frente y cogerá confianza. Que el 18 de octubre, por la tarde, cuando se incorpore al puesto, lo hará genial. “Es que es una responsabilidad muy grande porque no puedo defraudarles”, suelta.
Rocío tiene correo, maneja el messenger, Internet, el Word. “Me gustan los ordenadores”. También va al cine. Y lleva cinco años saliendo con un chico. “Al principio mis padres no lo aceptaban, pero ahora mismo, después de tanto tiempo juntos, es como un hijo para ellos”.






