Viernes, a pocas horas del día de reflexión y a sólo dos días para el fin de la agónica carrera electoral por la Presidencia de la Ciudad Autónoma de Ceuta. Importante evento para la ciudad y que ha acaparado, y seguirá haciéndolo durante algún tiempo más, muchas líneas y espacios en todos los medios de comunicación; sería absurdo no hablar del tema en cuestión a estas alturas, cuando somos los ciudadanos de a pie los que tenemos la obligación de elegir a la persona más adecuada y que tendrá en sus manos durante cuatro años los designios de todos los ceutíes.
Ha sido una trifulca larga y difícil, se ha trabajado sin descanso a pesar de aquellos que han acusado a todos los que no forman parte de su “clan” de discriminación, con la intención de sentir el aplauso fácil de los suyos. Pero ahora nos enfrentamos a una situación en la que debemos elegir entre uno u otro candidato. Elección que, salvo para aquellos que ya tienen decidido el voto por diversas razones, todos los demás, para alcanzar una decisión razonable, deberán analizar los hechos, el trabajo realizado, los proyectos efectuados, las promesas cumplidas, porque todo no son palabras, los hechos avalan . Quizás, en este aspecto, da la impresión que solo se puede analizar al actual presidente Juan Vivas, ya que muestra una trayectoria de diez años de arduo y duro trabajo que ha dado los frutos pretendidos. Sin embargo el resto de aspirantes también pueden ser perfectamente examinados, sólo tenemos que fijarnos en esa imposibilidad de emisión de ideas claras para realizar una oposición inteligente y apropiada. Una oposición que no ha trabajado con el objetivo de presentar propuestas y réplicas adecuadas.
La mentira es uno de los peores defectos del ser humano, sobretodo cuando se dice con el único afán de obtener un rédito propio en perjuicio del resto de las personas. Y es más que evidente que, para algunos individuos y sus malignas intenciones, es un arma muy potente y fácil de utilizar, que monopolizan cuando no tienen nada inteligente ni interesante que decir. Seres que viven de emponzoñar la vida de los demás. Pero tienen un problema, el farsante se hace esclavo de las apariencias y de la memoria, porque no se trata sólo de mentir, luego hay que recordar esas mentiras que se han dicho y ser capaz de defender sus falacias hasta las últimas consecuencias. Hay un aforismo muy conocido que dice que: "la mentira dura mientras la verdad llega", lo que significa que la mentira no es infalible y no puede ocupar el lugar de la verdad. A pesar de ello, el hombre es tan hábil diciéndolas que en ocasiones se autoengaña y puede vivir, al menos mientras le quitan la careta, creyéndose sus propias falsedades. La complicación llega cuando le quitan el disfraz. “Uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios”.
Lo que hay que hacer es dejar de escuchar invenciones. No atender a aquellos que basan sus promesas electorales vertiendo calumnias o acusando sin mirar en su propio tejado.
Hay que analizar los programas y los hechos, y a partir de ahí, es cuando debemos inclinarnos por una u otra candidatura. Pero sea cual sea la razón que nos lleve a adoptar una decisión determinada, lo más importante es defenderla y hacerla efectiva el día 22, el próximo domingo, echando esa papeleta de color sepia dentro de una urna de cristal. Lo verdaderamente importante es cumplir con uno de esos derechos que nos reconoce la Constitución, aunque más que un derecho podríamos decir que es un deber; deber de cumplir con una obligación a la hora de elegir a la persona más idónea y a la que luego se le exigirá que cumpla esas propuestas ofrecidas en su programa electoral y respete todos nuestros derechos constitucionales.
Ir a votar, esa es la clave. Participar como español en el proceso electoral abierto, para luego poder ejercer ese derecho de reprobación ante las posibles malas actuaciones del elegido. Votar a una u otra candidatura, votar a uno u otro cabeza de lista, votar a la persona o a la ideología que representa, incluso votar en blanco, si realmente no nos convence ninguna de las opciones presentadas; en definitiva, ejercer nuestra obligación y echar esa papeleta para que nuestra intención también cuente a la hora de formar ese gobierno que nos representará durante cuatro años. No valen las medias tintas. Nada está hecho porque entre todos escribimos la historia de nuestra ciudad con nuestras decisiones, positivas o negativas; todo también depende de nosotros y de nuestro voto. Votaremos en conciencia.





