En la historia de la aviación española existen gestas que aún hoy siguen despertando admiración. Pocas, sin embargo, reúnen tantos ingredientes de heroísmo, innovación técnica y misterio como la protagonizada por el capitan Mariano Barberán y el teniente Joaquín Collar en junio de 1933. Su vuelo supuso uno de los mayores éxitos aeronáuticos de la España del siglo XX, pero también dio origen a uno de los enigmas más persistentes de nuestra historia.
Durante las primeras décadas del siglo pasado, la aviación vivía una auténtica edad de oro. Las grandes potencias competían por batir récords de distancia y demostrar el potencial de una tecnología que estaba transformando el mundo. España ya había alcanzado prestigio internacional con el histórico vuelo del «Plus Ultra», que en 1926 unió Palos de la Frontera con Buenos Aires. Aquella hazaña impulsó un nuevo desafío aún más ambicioso.
El proyecto fue concebido por Mariano Barberán, uno de los mejores especialistas españoles en navegación aérea. Para llevarlo a cabo eligió como compañero al experimentado piloto Joaquín Collar. Ambos disponían de un avión especialmente preparado para vuelos de larga distancia: un Breguet XIX equipado con un motor Hispano-Suiza de 650 caballos y enormes depósitos de combustible que le proporcionaban una autonomía excepcional para la época.

El aparato recibió el nombre de «Cuatro Vientos», en homenaje al aeródromo madrileño donde había sido preparado.
La madrugada del 10 de junio de 1933, el avión despegó desde Tablada (Sevilla) con destino a Cuba. Durante casi cuarenta horas, Barberán y Collar atravesaron el Atlántico sin escalas, guiándose únicamente mediante brújulas, observaciones astronómicas y cálculos matemáticos, ya que el avión carecía de equipo de radio para ahorrar peso.
Tras recorrer cerca de 7.900 kilómetros, aterrizaron en Camagüey el 11 de junio. La proeza constituyó uno de los vuelos sobre el mar más largos realizados hasta entonces y situó a la aviación española entre las más avanzadas del momento.
La llegada a Cuba fue recibida con un entusiasmo extraordinario. Miles de personas acudieron a recibir a los dos aviadores, convertidos de inmediato en héroes nacionales y símbolo de la unión histórica entre España e Hispanoamérica. Pero la gloria duró apenas unos días.
El siguiente objetivo consistía en completar el viaje hasta Ciudad de México. El 20 de junio de 1933, Barberán y Collar despegaron desde La Habana rumbo al aeródromo de Balbuena, donde más de cincuenta mil personas esperaban su llegada. Nunca aparecieron.
El «Cuatro Vientos» fue visto por última vez sobre el sureste de México, en las proximidades del estado de Tabasco. A partir de ese momento desapareció sin dejar rastro.
La búsqueda movilizó a autoridades de varios países, pero ni el avión ni sus tripulantes pudieron ser localizados. Desde entonces, el destino del «Cuatro Vientos» ha alimentado numerosas teorías.
La explicación más aceptada sostiene que la aeronave quedó atrapada por una fuerte tormenta tropical y terminó estrellándose en una zona montañosa del sur de México. Otros investigadores apuntan a un posible fallo mecánico, a un aterrizaje de emergencia en plena selva o incluso a un agotamiento del combustible provocado por la desviación de la ruta. Tampoco faltaron hipótesis más novelescas, como un supuesto ataque de bandoleros o la desaparición en regiones prácticamente inaccesibles, aunque nunca apareció evidencia documental que las respaldara.

Más de noventa años después, el misterio continúa sin resolverse.
Paradójicamente, el extraordinario éxito del vuelo Sevilla-Cuba quedó eclipsado por la desaparición de sus protagonistas y, pocos años más tarde, por la Guerra Civil española. Sin embargo, desde el punto de vista histórico y aeronáutico, la gesta conserva todo su valor.
Barberán y Collar demostraron que la aviación española era capaz de situarse entre las mejores del mundo, protagonizando una travesía comparable a las grandes hazañas internacionales de la época. Su éxito representó el fruto del talento, la preparación técnica y el espíritu de superación de una generación de aviadores que abrió nuevos caminos en la navegación aérea.
Hoy, el nombre del «Cuatro Vientos» sigue evocando una mezcla de admiración y melancolía. Admiración por una proeza que llevó a España a la vanguardia de la aviación mundial y melancolía por un desenlace que nunca pudo explicarse con certeza.
Porque Barberán y Collar conquistaron el Atlántico, pero su último vuelo continúa siendo uno de los grandes enigmas de la historia de la aviación española.
Mariano Barberán y Trós de Ilarduya (Guadalajara, 14 de octubre de 1895 – desaparecido sobre México el 20 de junio de 1933).
Fue capitán de Ingenieros y aviador de la Aeronáutica Militar Española, considerado uno de los más brillantes especialistas en navegación aérea de su tiempo. Además de su faceta como piloto, destacó por su formación científica y técnica, siendo profesor de navegación y autor de diversos estudios sobre navegación astronómica y vuelos de gran distancia.
Entre sus principales méritos destacan su participación en la planificación técnica del histórico vuelo del «Plus Ultra» (1926), aportando sus conocimientos en navegación.

Ideó y organizó el proyecto del «Cuatro Vientos», concebido para demostrar la capacidad de la aviación española en vuelos transoceánicos de gran autonomía.
Mariano Barberán está considerado uno de los grandes pioneros de la aviación española y uno de los mejores navegantes aéreos del periodo de entreguerras. Su figura ha quedado unida para siempre a la del «Cuatro Vientos», símbolo del extraordinario desarrollo técnico alcanzado por la Aeronáutica Militar española en la década de 1930.
Joaquín Collar Serra (Figueras, Gerona, 25 de noviembre de 1906 – desaparecido sobre México el 20 de junio de 1933) fue capitán de la Aeronáutica Militar Española y uno de los pilotos más destacados de su generación.
Ingresó muy joven en el Ejército y obtuvo el título de piloto militar, distinguiéndose pronto por sus excelentes cualidades de vuelo. Su habilidad, serenidad y experiencia le llevaron a ser seleccionado por el capitán Mariano Barberán y Trós de Ilarduya para pilotar el Breguet XIX GR Super Bidón
«Cuatro Vientos», un avión especialmente preparado para realizar vuelos transoceánicos de larga distancia.
Aunque su carrera fue breve, Joaquín Collar dejó una huella imborrable en la aeronáutica española. Su nombre permanece unido al de Mariano Barberán como protagonista de una de las mayores gestas de la aviación del periodo de entreguerras, símbolo del valor, la pericia y el espíritu pionero de los aviadores españoles de comienzos del siglo XX.






