Tanto el presidente de la Ciudad como el delegado del Gobierno tuvieron varias coincidencias, pero una sobre todo resultó reveladora, concretamente, la referencia al artículo dos de la Constitución y a la situación de Cataluña. Ambos dijeron de manera muy clara que España es una labor de todos y que a pesar de las diferencias regionales, no se puede perder el tronco común. Además, en la Constitución española de 1978, sus redactores, dejaron la puerta abierta para que con flexibilidad las nacionalidades y regiones tuvieran desde luego reconocidas sus intereses de autogobierno. Y hoy día España es un país mucho más descentralizado que algunos estados federales. Pero las propuestas soberanistas en una Europa unida y en un mundo globalizado son aspiraciones que no van hacia ninguna parte y si en todo caso caminan hacia algún lado será al borde del precipicio. Un aspecto en el que todos deberíamos reflexionar cuando se cumple el trigésimo cuarto aniversario de la Constitución española, la que todos nos dimos.





