Categorías: Opinión

El coste de la congestión

La congestión en Ceuta se manifiesta de multitud de maneras: el ruido, el colapso circulatorio, falta general  de espacio, etc.. Un hacinamiento que aún cuando fuera humanamente tolerable no podrá ser soportada desde el punto de vista financiero. En Ceuta tenemos una absoluta dependencia de medios artificiales para necesidades básicas como el agua, la energía y los productos de primera necesidad, que en su  totalidad se producen fuera de nuestro territorio. Todo esto supone un coste económico en continuo crecimiento que se quiere compensar con la expansión urbanística en un territorio que se encuentra a día de hoy en situación de colapso ecológico. Al mismo tiempo no se han introducido medidas efectivas para evitar el incremento población, la mayoría de ella en situación de exclusión social lo que supone una carga adicional sobre el presupuesto municipal. Más tarde o más temprano será menester hacer frente a estos costes y a esos deterioros.
La actividad constructora presupone que la población debe continuar aumentando y que los valores deben subir hasta las nubes. A nadie se le ocurre sugerir un plan practicable para hacer bajar el valor de la tierra, para, por ejemplo, recalificar una zona residencial en zona verde o libre, aunque es evidente que las adaptaciones sensatas a las nuevas necesidades deben tener en cuenta esta posibilidad. La creencia popular es que los valores cambian en una sola dirección: hacia arriba. Pero a veces ocurre lo contrario. Los habitantes o los propietarios de edificios no pueden pagar los impuestos municipales y comienza la espiral de la degradación que Lewis Mumford denomina la expansión de la “carcoma”.
El área carcomida puede definirse como una zona incapaz de pagar los servicios municipales esenciales para su sostén y asimismo incapaz, en razón de su estatuto económico, de pagar los gastos que origina su propia renovación y reparación interna. Algo que sucede con esta especial incidencia en Ceuta. En estos casos se plantea la necesidad de la redistribución, la solidaridad y la equidad social, conceptos que entran en conflicto con la ideología capitalista. Para nuestra desgracia, la expansión urbanística de Ceuta siempre ha estado retardada en lo que atañe  a la construcción de los equipamientos e infraestructuras indispensables para satisfacer las necesidades de una población creciente. Esto se hace especialmente patente en los barrios más desfavorecidos y de más rápido crecimiento, en los que la ausencia de este tipo de equipamientos es más notoria. El centro de la ciudad es el único que funciona con toda eficiencia y sólo funciona con respecto a las necesidades e intereses de una minoría de la población total.
Las habitantes de ciertos barrios de la ciudad tienen que acomodarse a un ambiente carente de recursos naturales o culturales adecuados; gente que debe vivir sin aire puro, sin dormir bien, sin un pequeño jardín o lugar de recreo, sin ver el cielo o privados de luz, y que, en fin, deben vivir sin disfrutar de la libertad de  movimientos. Cuando se carece de esta capacidad de moverse, de salir, el ser humano sucumbe; la inanición crónica produce la falta de apetito. Eventualmente, podrá vivir y morir sin darse cuenta de lo que está ocurriendo. La apatía se convierte en crónica y se transmite de generación en generación.  Las palabras de Teddy Ponderevo, uno de los personajes de la novela “Tono-Bungay” de H. G. Wells, se han convertido en proféticas: “¡Mira a toda esa bendita gente en este lugar! ¡Miralos! Todos profundamente dormidos, haciendo sus cosas por puro hábito.., en una especie de sueño. Unos hombres disecados podrían hacerlo tan bien como ellos…,casi”.       
Una ciudad debe ser planeada según patrones humanos y debe tener un tamaño, forma y límites definidos, así como tiene que marcarse como un objetivo prioritario el equilibrio funcional: entre el espacio urbano y el entorno natural; entre el hogar, la industria y el mercado; entre las funciones políticas, sociales y recreativas. Ceuta, por el contrario, representa la antitesis de los conceptos de equilibrio, igualdad, armonía, sensatez. Somos la ciudad que estamos a la cabeza en España en el índice de desigualdad social, la de mayor fracaso escolar, a la cabeza de las tasas de desempleo y en el ranking de problemas ambientales tan graves como la contaminación acústica. Nuestra inconsciencia sobre los problemas que padece esta ciudad es patológica. Los síntomas de la desintegración son tan evidentes que la desidia de los ceutíes y la autocomplacencia de nuestros gobernantes sólo pueden entenderse como el reflejo de una miopía colectiva o la manifestación más evidente de la estupidez humana.

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