El propietario o los socios del chiringuito, porque ya no sé si le pertenece a uno solo o, como se rumorea, han formado una sociedad anónima, revisan en estos días,con elecciones en lontananza, un “derecho de admisión” fórmula que se sacaron, no se sabe bien de dónde, y que, en su momento, puso en la mismísima calle a todo aquel que, según criterio, no iba estética y éticamente con el lugar... Fue así, apoyándose en el cartelito, advertencia asidua en bares y tascas, como les fue impedida la entrada, de manera sorprendente, a unos cuantos. La causa, nunca me la explicaron. Lo cierto es que, arrogándose la propiedad del establecimiento sé que algunos pusieron de patitas en la calle a todo aquel que les dieron las ganas... La verdad es que no era la primera vez que en la historia de este local, alguien se sintió dueño y señor, sin serlo, y la escoba se volvíó loca barriendo, según cronistas, la basura acumulada. “Chiringuito” fue como lo llamó, en una ocasión, el ministro Corcuera. Lo que mejor podéis hacer, dijo el arrogante metalúrgico, es cerrar este “chiringuito” y cada uno a su casa, a leer a Engels y Marx... que no habéis pasado del prólogo. Yo no recuerdo si Corcuera vino a Ceuta porque al chiringuito se le volaban las cañas, o a ver al Medinaceli. Y es que, por aquellos días, el patio estaba bien revuelto, como venía siendo tradicional. Evidentemente la solución no pareció la más acertada, a la vista está, pues el chiringuito permanece, aunque las pasiones no terminan de atemperarse. Eso me cuenta el Teniente Ruiz, vecino próximo a Daoiz, su alférez.
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Comentaron que cuando Alberti y Pasionaria vivieron el momento histórico de esta democracia y, por edad, tuvieron que presidir el Congreso de los Diputados, el poeta, observando desde aquel aterciopelado otero a los señores diputados, dice que murmuró a Dolores :
“ Míralos, unos quisieran vernos en zanjas y cunetas...; y otros, pronto nos moverán como muñequitos de guiñol... No creo que pueda aguantarlos... A poco que nos descuidemos, los nuevos “maestrillos” nos estarán dando con la palmeta y a dejarnos sin recreo o de espaldas a la pared.”
Y Alberti, que se ha equivocado en su vida política y personal muchisimas veces, en esto, acertó. Por eso, desde que me lo refirieron, el “ No nos moverán”, de Pasionaria, y el “ No los aguanto más“, de Rafael, se han convertido para mí en dos axiomas con aparencia de gritos subversivos, aunque encierran actitudes de coherencia para situaciones coercitivas o persuaciones disfrazadas, como las de “borrón y cuenta nueva” que, por lo visto, según los expulsados del chiringuito, han agradecido pues otra vez les abren las puertas, aunque, educadamente, ellos han rechazado la oferta.
No he sido frecuentador del chiringuito, quizás porque tampoco soy asiduo de casinillos. Y las sedes políticas losson.... De ahí que sin estar integrado, tampoco me sienta expulsado. Opto, como ha dicho Felipe González, por ser más simpatizante que militante circunstancial.. Así es como creo gozar de cierta libertad externa e interna que permite, a mi manera, desarrollar una crítica sin temor a represalias por rebelde e indisciplinado. Sentirse poseedor de la verdad y que esté prohibido cuestionarla es premisa para pensar que, al que lo dice y lo que dice, hay que ponerlo en solfa, pues siempre que alguien se arroga esta postura de prepotencia e inefabilidad, la ventisca se transforma en vendaval. Evítense, pues, los destierros gratuitos porque son los que conducen a la deriva a un partido; sin olvidar nunca que, en nuestra tierra, todo esto sirve de regocijo a las huestes de don Mariano, ya que la rutina de gobernar año tras año, estas peleas de patios les rompe el aburrimiento. Claro está que tampoco ellos se libran de las ventoleras, aunque el cinismo del que hacen gala no les impide disimular los retortijones de la carne y las aerofagias de los biberones.





