Categorías: Tribunales y justicia

El ceutí detenido por la Guardia Civil buscaba menores “manipulables”

El juez de la AN, Eloy Velasco, le procesa por formar a adolescentes para que combatan en Siria. A una menor le enseñó a disparar y le entrenó; buscaba también a discapacitados.

El magistrado de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, ha dictado auto de procesamiento contra Youssef M.T., el trabajador de la empresa de limpieza que fue detenido en diciembre del año pasado en su vivienda de la Cuesta Parisiana, en un operativo dispuesto por la Guardia Civil. El juez le acusa de un presunto delito de colaboración con organización terrorista, de captar, adoctrinar, adiestrar y formar a menores de edad con la idea de que éstas se incorporaran al conflicto armado en Siria, superando la petición de 9 años de cárcel. Además en el mismo auto procesa a otros tres detenidos en Cataluña por las mismas fechas.
Lo más grave de las conclusiones reflejadas en su auto por Velasco es la alusión a la captación que este ceutí pretendía hacer no solo de menores sino también de discapacitados mentales. Para ello se servía de sus visitas al centro cultural islámico Imam Warsh, aprovechando para abordar a las alumnas, de entre 13 y 14 años, e intentar adoctrinarlas. Velasco llega a considerar “asombroso” que desde el centro Imam Warsh no se hubiera detectado “la ideología y actividad de captación y adoctrinamiento del detenido”. Incluso llevaba a alguno de sus hijos al centro.
Cuando la Guardia Civil decidió en la madrugada del 12 de diciembre entrar en su vivienda ya tenía importantes seguimientos y controles detrás, algo que se ha hecho constar en las investigaciones trasladadas al magistrado. Velasco no ha tenido dudas en procesarlo como tampoco las tuvo para mantenerlo en prisión preventiva a pesar de que, pocas semanas después de su detención, una de las menores supuestamente captada por él acudió a la Policía Nacional para declarar que todo había sido inventado. Se aportó un video grabado en un móvil que fue trasladado a Madrid, pero no ha servido de nada porque se mantenían más datos bajo secreto, sin variar la acusación un ápice.
Según consta en el auto de la Audiencia Nacional, el detenido se aproximaba a niñas con marcados problemas afectivos o con deficiencias mentales. Les captaba para conseguir su traslado a Siria o Irak, como de hecho se intentó en diciembre de 2014 con dos menores que marcharon a Marruecos para, de ahí, partir a Siria. Las investigaciones de la Benemérita consiguieron abortar varios de estos viajes. Para captarlas les mostraba imágenes de mujeres vestidas con burka o niqab que aparecían disparando. No dudaba en utilizar “el castigo físico ante determinadas infracciones de comportamiento”, recoge el auto.
También buscaba captar jóvenes en el Príncipe, buscando a los que tenían una personalidad más débil. De hecho en el auto se relaciona tanto al ceutí como a los otros detenidos en Cataluña con la primera de las organizaciones radicales desmantelada en 2013 y cuyos implicados están ahora condenados y en prisión, aunque sus sentencias han sido recurridas ante el Tribunal Supremo. Se les acusó de rendir cuentas al líder marroquí Abdelaziz El Mahdali y al ceutí procesado se le considera “heredero” del grupo desmantelado. Esta estructura, advierte el juez, “todavía cuenta con otros integrantes de los que se desconoce su identidad, que se estarían dedicando a realizar otro tipo de captaciones específicas”, aclara.

EN DETALLE

Un perfil en Facebook claramente radical y fotos de chicas con armas y disparando

El procesado, casado y con hijos, disponía de perfil en Facebook en el que no ocultaba sus postulados, además tras su detención se le encontró numerosos vídeos y fotos incluso de “niñas pequeñas con vestimentas o referencias simbólicas de yihad”, expone Velasco en su auto. A una menor que captó a la entrada del centro le compró una pistola de fogueo por 135 euros para enseñarle cómo apuntar, también ropa islámica y se la llevó al monte durante cinco meses para “entrenarla”. Le prometió llevarla a Siria en donde después se uniría con ella, manifestándole que tenía teléfonos de personas del Estado Islámico. Incluso la acompañó a Martil para presentarle a otros miembros supuestamente radicales. En su teléfono móvil la Guardia Civil recuperó audios de mensajería que había mantenido con miembros del centro de cuyo contenido, dice el juez, “se infiere cierta clandestinidad y secretismo”, cambiando de grupos de manera constante para comunicarse. El procesado acudía al centro cultural de madrugada y utilizaba material informático de su interior.

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