En Madrid impera el llamado “bajo perfil” -o aquello de “el mejor desprecio es no hacer aprecio”. En suma paños calientes de Rajoy y de Rubalcaba (agobiado por la crisis del PSC), mientras el Rey sestea, “bloguea” o “twittea” por Internet, ante los desafíos secesionistas de Artur Mas, en su condición de presidente de la Generalitat y por tanto de máximo representante del Estado en Cataluña. Y así va pasando impunemente el tiempo con cierta dosis de indignidad nacional y desamparo de los ciudadanos españoles, en especial los que viven en Cataluña, y pronto los que están en el País Vasco, ante la cercanía de la próxima escalada del nacionalismo rampante vasco (PNV y Bildu), tras los comicios del 21 de octubre.
Los españoles de bien, que sufren la crisis, están soportando a un Gobierno errático e incompetente -que no sabe que hacer con los bancos, las autonomías, los rescates europeos, el paro etc.- y han visto a Mas pavonearse en el Ruedo Ibérico con algo que nadie se atreve a desmentir en Madrid, sus tres mentiras: la Historia de la Cataluña independiente (que nunca existió); el déficit catalán en la relación económica con el resto del Estado (lo que es falso y favorable a Cataluña); y “el millón y medio de manifestantes” independentistas de la Diada (apenas llegaron al medio millón). Actuando Mas, en la frontera de la ley al enviar a sus consejeros a la manifestación; anunciar la puesta en marcha de normativas de Estado; y amenazar, a través de su portavoz, con la posibilidad de que el parlamento catalán declare la independencia de Cataluña.
Parlamento que esta semana hará una proclama secesionista, a título de ensayo general y con vista a unos comicios anticipados, ante las narices del “prudente” Rajoy, quien no cesa de ofrecer a Mas mejoras fiscales de poca monta y diálogo infinito: “por mi no va a quedar”, dice el “fantasma” de la Moncloa, ante las miradas atónitas de los primeros gobernantes de la UE que se preguntan por donde va estallar España: si por la deuda, las autonomías en quiebra, la banca, Cataluña, el País Vasco o Ceuta y Melilla.
Rajoy y el Gobierno del PP no se atreven a parar en seco los pies a Mas y a la Generalitat -los que para colmo están pidiendo el rescate financiero de Cataluña al Estado español. Ni tampoco se las tienen tiesas con al poder financiero y empresarial catalán, que avala y financia los partidos independentistas y a sus altavoces de los medios de comunicación con los fondos que los “próceres” de Cataluña recaudan de los bolsillo de los españoles, en el resto del territorio español.
O sea, que cornudos y apaleados con nuestro propio dinero (el del Estado y los consumidores y ahorradores de toda España), por los gobernantes y gerifaltes económicos de Cataluña. Los que ahora se emocionan cantando “Els Segadors” y no respetan España ni la Constitución. Aunque la derecha catalana y nacionalista ni canta ni se emociona ante el incumplimiento de la ley -que garantiza sus negocios- o la violación de las normas más elementales de la democracia, las libertades y los Derechos Humanos. Por ejemplo, para defender a las familias españolas de Cataluña para que sus hijos estudien y trabajen disfrutando de la lengua castellana, la universal y oficial del Estado español. Algo que el Gobierno de Mas -como los de Pujol, Maragall y Montilla- prohibió sin que nadie, desde la Moncloa (Aznar, Zapatero o Rajoy), le obligara a rectificar.
Mohamed VI debería tentarse la chilaba -como Mas la barretina- antes de jugar con la integridad territorial de España y rondar las verjas de Ceuta y Melilla. Pero el monarca alauita ha visto perder pie al Rey Juan Carlos -su primo- y dudar a Rajoy ante Cataluña, y al ministro de Defensa, Morenés, decir que no tiene dinero para la gasolina del desfile nacional del 12 de Octubre de las Fuerzas “Desarmadas” españolas, y eso excita lo ánimos de conquista del moro de Rabat, necesitado de echar carnaza a los islamistas de su primavera particular. O sea, al perro español “todo son pulgas” y encima ha de tener mucho cuidado para no despertar la fiera del patriotismo español (sic).
¿Qué hacer y con quién? esa es la cuestión. Quizás la situación requiera otro liderazgo nacional y otro Gobierno -en Atenas y en Roma así se hizo- de base más amplia, como una gran coalición PP-PSOE, presidida por alguien con liderazgo y sin renuncia a la dignidad nacional, porque alguien habrá en este país. Y mientras tanto a esperar sentados bajo el árbol de la paciencia infinita y el bajo perfil con riesgo de que la solución al problema de España llegue demasiado tarde, si los adversarios y los acreedores, que tienen prisa, desbordan el marco constitucional o nos provocan la quiebra nacional. Lo que en las actuales circunstancias nadie debe descartar.





