Ni a pocos detalles de su culminación, la obra de la Gran Vía y su entorno se despega de la polémica. En esta ocasión es el pavimento elegido en el proyecto que, aunado a los desniveles de la calle y sus ornamentos, se ha convertido en un peligro para mayores y también para jóvenes. Ya son varias las personas que han tenido que ser atendidas por caídas en la zona y el denominador común es el mismo: no se distingue la acera de la calzada.
Y esas atenciones, en algunos casos, han sido fracturas o brechas, situación que ha disgustado, y con razón, a los vecinos de la zona que han sido los primeros en dar la voz de alarma. Si ya llevaban más de un año cuidándose de no tropezar con las obras, ahora que han abierto, tampoco se pueden confiar. Muchas de estas personas son de la tercera edad y todos sabemos lo que significa una caída a esas edades. La gente está preocupada y también desconcertada de que algo que acaban de estrenar, se ha convertido en un peligro para los transeúntes.
No quieren que Jáudenes y la Gran Vía adolezcan de lo mismo que el Revellín con las conocidas losetas verdes.
Se supone que cuando se hace una obra es para mejorar y no para que se convierta en un peligro para los ceutíes o los visitantes.
Aún están a tiempo de rectificar y de poner remedio a un problema que se ha desencadenado una vez que ambas vías se han abierto por la Semana Santa.
La premura ha hecho que esta apertura se hiciera con partes sin culminar, pero aún pueden buscar la forma de que estas calles no sean un peligro.






