El intento de entrada de cientos de inmigrantes por la valla de Melilla ha vuelto a poner en evidencia el grave riesgo que rodea a una frontera sur abandonada en la que los componentes de la Guardia Civil no están lo suficientemente protegidos ni en dotaciones ni en apoyo legal. Seis agentes resultaron heridos, uno de ellos con la nariz rota; varios inmigrantes tuvieron que ser trasladados al Hospital. En el lado marroquí quedaron también lesionados decenas de subsaharianos y de agentes de las fuerzas de seguridad marroquíes, después de una escenificación de una auténtica lucha cuerpo a cuerpo. Estas situaciones extremas no pueden ser soportadas por más tiempo, se alzan de nuevo las voces críticas como las de AEGC reclamando medidas de protección, pero vemos que pasan los meses y la situación es la misma. La que se ha producido en Melilla es idéntica a la registrada en Ceuta hace hoy casi un año. Nada cambia, aunque son muchas las promesas de hacerlo. Los que lidian en primera línea en los pasos fronterizos quieren garantías. No quieren que les cuenten milongas, sino que buscan trabajar con protección física y legal, sabiendo que cada paso que den van a estar protegidos y van a controlar un espacio que les viene encomendado por ley. La situación en el limbo que ahora se mantiene es de absoluta dejación no solo para los guardias civiles sino también para los propios inmigrantes.
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