El portavoz del Ejecutivo, Jacob Hachuel, aseguró ante los medios que el representante vecinal de las 225 VPO, Rafael García, le pidió, en una conversación entre pasillos, que colocara a personas de su núcleo vecinal en las plazas de vigilancia en la explanada de embolsamiento.
Una petición que obtuvo un ‘no’ rotundo como respuesta, ya que, tal y como indicó la cara visible del Gobierno, “si lo hubiera hecho sería un prevaricador y este señor sabe que no lo soy”. Lo asegurado por Hachuel es grave, por cuanto viene a suponer una petición expresa que, de no ser concedida como así ha ocurrido, podría derivar en acciones molestas a modo de respuesta.
Ningún dirigente vecinal ni nadie que se lo parezca puede tener el arrojo de pegar a la puerta de la Administración para pedir colocaciones a dedo. Ni puede ni se le debe permitir. Por eso las manifestaciones hechas por Hachuel quedan cojas porque son lo suficientemente graves como para no acudir a otro foro de peso para ponerlas de manifiesto.
¿Puede estar este dirigente vecinal autorizado a seguir representando a unos vecinos si, como dice Hachuel, reclama ‘colocaciones’ saltándose todos los cauces regulares?, ¿qué dirán sus propios vecinos que han aguantado colas y colas para participar en la bolsa de Amgevicesa? Estos comportamientos, por graves, deben tener más recorrido que una mera confidencia con los medios.
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