Normalmente no suele uno decidirse, así sin ninguna referencia, por la opción de ponerse a ver una serie argentina desconocida con ínfimo presupuesto, de esas que las plataformas (en este caso, Netflix), compran, producen a muy bajo coste o distribuyen por necesidad de ampliar el catálogo de oferta al abonado. Suena poco prometedor, pero en algunos casos, un trailer, una corazonada o un instante de enajenación como espectador te lleva al nosequé de verte dándole una oportunidad a algo diferente (las fechas vacacionales o similares y la falta de pesos pesados en las pantallas y cadenas de televisión, también ayudan e incitan a la aventura).
La producción audiovisual argentina destaca por sacar historias a golpe de ingenio (y talento), para compensar la casi eterna ausencia de recursos, y este proyecto de Santiago Korovsky e Ignacio Gaggero, en el que también son protagonistas, ellos se lo guisan y se lo comen (en el caso de Korovsky, también es el director, y el pluriempleo se queda en tono de broma a su lado), es un clarísimo y arquetípico ejemplo de eso de sacar petróleo de debajo de las piedras.
Se trata de una serie de dos temporadas por el momento, de capítulos de poco menos de media hora de duración y ligeros de asimilar, en clave de desternillante comedia, gag tras gag, algunos de ellos traspasando el límite de lo absurdo, pero otros, bastantes, de una brillantez y frescura de ideas destacables.
El planteamiento nos sitúa el enredo (siempre hay un enredo) partiendo del proyecto de la creación de una Guardia Urbana inclusiva, ideada como operación de marketing para mejorar la imagen de las fuerzas de seguridad en Argentina. Uno de los miembros (el propio korovsky, que interpreta a un desgraciado crónico que se pasa tantísimo de patoso que acaba pareciendo, sencillamente, idiota del todo) descubrirá algo que no debía y se enfrentará con unos extraños narcos, tan pintorescos como el resto de personajes de la serie y la concepción de la misma.
Todo este delirio y el saber reírse de lo correcto, lo incorrecto y de la propia sombra de cada uno, la prioridad al humor desde el gag visual, y sin llegar al mal gusto, al humos negro, a la burla gratuita, algo de agradecer, hacen de esta opción que ganó en 2023 el Premio Sur (Argentina) a Mejor serie de ficción, que desprende talento delante y detrás de la cámara, una alternativa efectiva a cualquier rato de aburrimiento.
Probablemente las aristas mejorables, y el peligroso surfeo que por momentos hace entre la comedia demencial y el género de crimen, sin llegar a decantarse claramente, son puntos mejorables del global del producto, sin desmerecer al rato hilarante y con pinceladas, incluso, reflexivo de una producción hecha con inteligencia y que tiene su (bastante) gracia. Más que recomendable para cerebros ociosos que desearían estar en remojo…
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