Recorrido histórico de la Artillería española que llevaba la disolución del Arma en varias ocasiones. Esta es su pequeña historia de lo vivido.
El Arma de Artillería en España ha tenido una trayectoria única, marcada por un sentido de cuerpo, de carácter técnico y científico muy avanzado y una defensa férrea de sus privilegios y tradiciones (como la famosa "escala cerrada" o ascenso por antigüedad).
Esta independencia y cohesión la llevaron a enfrentarse directamente al poder político en varias ocasiones, sufriendo cuatro disoluciones oficiales.
Con el final del Trienio Liberal, periodo que abarcaría entre los años 1820-1820, con el regreso de Fernando VII y la intervención de los "Cien Mil Hijos de San Luis", se produjo una depuración masiva de militares de ideología liberal. El Cuerpo de Artillería, que se había mantenido fiel a la Constitución de 1812, fue disuelto por decreto del Rey. Se realizó una purga política para eliminar la influencia liberal en el Ejército. La Academia de Segovia fue clausurada temporalmente y el Cuerpo no se reorganizaría hasta años después sufriendo su primera disolución.
El Motín de San Gil, también conocido como la Sargentada de San Gil, fue una sublevación militar que tuvo lugar en Madrid el 22 de junio de 1866, protagonizado por suboficiales de artillería y apoyado por los liberales y progresistas del general Prim, con la intención de derrocar a Isabel II.
A las cuatro de la madrugada, los sargentos del quinto regimiento de artillería de a pie, una parte del sexto regimiento y de los escuadrones montados en el cuartel de San Gil se sublevaron, apresando a algunos oficiales e intentado apoderarse de otros, que lograron abrirse paso por entre los amotinados haciendo fuego sobre ellos. Unos cuarenta sargentos del cuartel de la Montaña del Príncipe Pío se sumaron a los sediciosos. El pueblo de Madrid se unió a la revuelta levantando barricadas en las calles, al grito de "¡Viva la Libertad!" y "¡Abajo los Borbones!".
Los sargentos se hicieron con el mando de unos mil doscientos hombres, así como de unas treinta piezas de artillería. Bien fortificados en el cuartel de San Gil, avanzaron hacia los barrios del Norte, donde les esperaban civiles armados que empezaron a levantar barricadas; mientras otro destacamento con cuatro piezas de artillería se situaba en lo alto de la calle de Fuencarral.
Los sargentos del Cuartel de Artillería de San Gil (ubicado cerca de la actual Plaza de España en Madrid) estaban descontentos por la rígida disciplina y porque se les negaba la posibilidad de ascender a oficiales, un privilegio reservado a las clases altas. Los sargentos tenían motivos de queja contra el gobierno porque este, a diferencia del resto de los suboficiales, no les permitía promocionar más allá del empleo de capitán, al no haber salido del Real Colegio de Segovia.
Dos años antes se les había ofrecido la posibilidad de ascenso, pero no cuajó ante la oposición de los oficiales, que consideraban que los “prácticos” no tenían la preparación científica necesaria para ocupar cargos de mayor responsabilidad. A cambio les ofrecían retiros más ventajosos que en otras armas según los años de servicio.
La sublevación estaba prevista para más tarde, pero los sargentos se adelantaron la madrugada del veintidos de junio a las órdenes del capitán Baltasar Hidalgo de la Quintana. Los sublevados asesinaron a varios de sus oficiales que intentaron detenerlos y trataron de avanzar hacia el Palacio Real para capturar a la Reina.
El gobierno de la ciudad de Madrid emitía el siguiente bando:
"GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE MADRID.
Atendiendo á las circunstancias en que se encuentra la capital de la monarquía, ha llegado el caso de adoptar las medidas estraordinarias que caben dentro de las leyes, á fin de evitar que aprovechándose los enemigos del orden público, puedan causar mayores perturbaciones. En su consecuencia, y cumpliendo lo dispuesto por el gobierno de S. M. en real orden de esta fecha, he resignado el mando en la autoridad superior militar del distrito, la cual desde este momento queda encargada de la conservación del orden público.
Lo que se anuncia al público para su debido conocimiento.
Madrid 22 de junio de 1.866. —El gobernador, duque de Sesto."
El gobierno reaccionó con dureza. Los generales O'Donnell, Narváez y Serrano dirigieron a las tropas un combate que duró varias horas.
La victoria gubernamental fue seguida por una ejecución masiva de 66 sargentos que fueron fusilados junto a los muros del Retiro. Fue la mayor ejecución masiva de militares en la historia de España.
La reina Isabel II consideró que O'Donnell había sido "blando" por no haber evitado la revuelta, y lo destituyó, nombrando al más autoritario Narváez.
Siete años más tarde, 1873, el que fuera líder de la sublevación, capitán Hidalgo de la Quintana, fue nombrado capitán general de las Vascongadas. Como protesta por el nombramiento, hubo una petición colectiva de separación del servicio de los oficiales y ante el plante, el rey Amadeo I firmó el decreto de disolución del Arma el ocho de febrero de 1873.
El entonces presidente del Gobierno, Ruiz Zorrilla, indignado por el órdago de los artilleros, propuso reorganizar el arma dividiéndola en dos escalas: una técnico-facultativa y otra operativa. Con esto, pretendía purgar a la oficialidad y cubrir las vacantes con suboficiales.
La Artillería era un arma tanto técnica como operativa, los artilleros instituyeron la «escala cerrada». Desde 1891, los oficiales firmaban en el «libro de la renuncia», prometiendo no aceptar ascensos por méritos de guerra y promocionar solo por antigüedad. Aunque esta práctica era vista con recelo por la superioridad —y fue prohibida legalmente por Primo de Rivera—, definió el carácter del Cuerpo, mientras otros buscaban el ascenso rápido, el artillero prefería la lealtad a su escalafón, llegando incluso a renunciar a ascensos obligatorios por ley para cumplir con la palabra dada a sus compañeros.
Cuando Emilio Castelar asumió la presidencia del Poder Ejecutivo en 1873, la República estaba al borde del abismo por tres guerras simultáneas, la Tercera Guerra Carlista, la insurrección cantonal (ciudades que se declaraban independientes) y la Guerra de los Diez Años en Cuba.
Castelar tomó una decisión muy polémica para sus compañeros republicanos de izquierda, llamar de nuevo a los oficiales de artillería que habían dimitido.
Los sargentos que habían quedado al mando no tenían la formación técnica necesaria para manejar los cañones con eficacia en las guerras abiertas.
Los poderes otorgados por las Cortes, le hizo redactar decretos para reorganizar el cuerpo, reintegrando a los oficiales que habían salido un año antes. La restauración de la Artillería por Castelar fue un intento de profesionalizar el ejército. Devolvió el poder militar a los sectores que poco después apoyarían el regreso de los Borbones (Alfonso XII). Su éxito militar fue el prólogo del fin de la República.

En septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, se hace con el poder mediante un golpe de estado imponiendo una dictadura militar. En 1926 alguien de su entorno inició gestiones para concederle el título de “coronel honorario de Artillería”. Cuando los mandos artilleros se enteraron de la iniciativa, se opusieron en bloque a ese proyecto.
Pocos días después, Primo de Rivera firmó un Real Decreto por el que se liberaba a los militares de cualquier promesa que hubieran firmado, obligándoles a aceptar las medallas y los ascensos concedidos por cualquier motivo, represalia contra la Artillería por lo acordado con el Gobierno de Castelar en 1891.
Por un Decreto de nueve de junio de 1926 se prohibió la permuta de los ascensos por méritos de guerra por cruces rojas del Mérito Militar. A pesar de las protestas de los artilleros, al mes siguiente, se aprueban las normas por las que se concederán los ascensos en el Ejército. Estos hechos forzarían la dimisión del jefe de la Artillería que fue arrestado.
El Gobierno publicó un Decreto de veintiséis de julio que suprimía a partir del uno de octubre de 1926 los ascensos por méritos de guerra, aunque se reservaba un determinado número de vacantes por empleo para ser cubiertas por el sistema de elección, lo que nuevamente causó gran indignación entre los oficiales del Cuerpo de Artillería porque se derogaba la escala cerrada.
El día cinco de septiembre, se ordenaba suspender de empleo, fuero, atribuciones, uso de uniforme y sueldo a todos los jefes y oficiales de la escala activa del Arma de Artillería, estando destinados en la Península o islas, no aplicándose esta medida a los destinados en el norte de África que se encontraban combatiendo con los rifeños. Fueron sustituidos por oficiales de la escala de reserva y de clases de segunda categoría (sargentos) con la misión de custodia de Estandartes, cuarteles, administración y responsabilidad sobre la tropa, suspendiéndose la instrucción.
Con fecha de nueve de diciembre se publicaba Decreto que invitaba a todos los oficiales a reingresar en el Ejército. En 1927 perdería la Artillería su tradicional condición de Cuerpo, pasando a ser una más de las armas combatientes.
Aunque el Cuerpo había sido restaurado tras el conflicto de 1926 (bajo condiciones impuestas), el malestar persistía. A finales de 1928, se monta un complot contra el régimen, dirigido por el político Sánchez Guerra. Parece ser que la idea era iniciar la sublevación en Valencia, donde pensaba que contaría con la colaboración del capitán general. El intento de golpe dado a las cuatro de la mañana del veintinueve de enero de 1929, finalizaba al día siguiente, siendo un fracaso total. Ninguna unidad se sublevó, salvo el Primer Regimiento de Artillería Ligera núm. 6 de guarnición en Ciudad Real. Desde Madrid se enviaron tropas a la capital manchega para sofocar la sublevación deteniendo a todos los mandos implicados. Se detuvo en Valencia a Sánchez Guerra, que se había negado a huir al extranjero.
El levantamiento llevó a disolverse de nuevo el Arma de forma fulminante el veinte de febrero de 1929, reorganizándose de nuevo el veintiuno de junio ministro de la Guerra Ardanáz y Crespo, en el gobierno de Primo de Rivera.
La Artillería española no solo es una de las más antiguas del mundo, sino que es depositaria de un legado histórico inigualable:
La gesta de los capitanes Daoiz y Velarde, quienes en 1808 antepusieron su deber y su amor a España a su propia vida.
Su patrona, Santa Bárbara que simboliza el espíritu de Cuerpo y la unión inquebrantable entre los artilleros de todas las épocas.
La Academia de Segovia, fundada en 1764, una de las academias militares más antiguas del mundo donde se uniría la ciencia matemática y balística.
Hoy la Artillería española es un ejemplo de lealtad, de modernidad y tradiciones, junto al resto de sus compañeros del glorioso Ejército español.






