La dimisión de Javier Guerrero debería haberse producido desde el mismo día en el que Caballas empezó a preguntar si en Sanidad estaba pasando algo y si se estaba clonando el caso de Murcia. No fue así. Dio una rueda de prensa tan mal asesorado que dijo la frase de su vida: la famosa del ‘no me gustan las vacunas’. Ya solo por eso, polémicas sobre su vacunación al margen, debería haberse despedido de su cargo y de su aspiración a ser el próximo alcalde de Ceuta. Es inviable tener a un consejero de Sanidad recomendando vacunas que luego confiesa que no se pone, ni siquiera la de la gripe. ¿Se imaginan a un juez diciendo eso de ‘yo no creo en las leyes pero miren, pongo sentencias’? En este pueblo en donde los pelotas se reproducen más que las setas cuando se trata de pegarse a un político, había quienes en vez de decirle a Guerrero que se fuera a casa, aplaudían su patinón y, además, alimentaban una especie de campaña al más puro estilo ‘todos somos Javier Guerrero’. Pues no, va a ser que no. De nuevo se confunde el cargo político con la persona, la metedura de pata política con la profesión particular, el ser consejero con el ser médico. Entonces, atrapados en esa confusión, se empiezan a decir demasiadas tonterías, una detrás de otra. Luego están, por supuesto, los interesados. Algunos con poder, capaces de mover todo para defender no al Guerrero político sino a su negocio, porque a este le había caído en gracia.
Aquí el consejero metió la pata. Lo hizo, primero, con su confesión ‘anti-vacunas’; segundo, con la manera de actuar en todo este asunto. El aferrarse al poder ha sido lo peor, él sabrá por qué lo ha hecho. Se equivocó, y marcharse por una equivocación es digno. Es de hecho lo que se espera de un político que debe saber que ese oficio es pasajero y no perder el norte hasta hacer el ridículo, como a muchos les termina pasando.







Tu lo has dicho Carmen, ser político es PASAJERO, Guerrero tenía que haber dimitido el primer día, afortunadamente rectificó y al fin y al cabo deja la política y uno de los peores Gobierno de la historia de Ceuta, sin duda Javier es una gran persona, un buen médico, pero el traje de la política le vino demasiado grande, aún así, hay que reconocer su dignidad al Dimitir, cosa que le falta a M. ALI, aferrado al Sillón por 1500 €
La dignidad de la palabra ante tantos desplantes hechos a la prensa desde la Ciudad Autónoma. Gracias por no hacer caso al dictado que se piensan debes escribir. Objetividad, coherencia y oficio.