Las Fuerzas de Seguridad mantienen diecisiete denuncias activas por personas desaparecidas, una de alto riesgo, en la ciudad autónoma
Las Fuerzas de Seguridad mantiene activas en Ceuta un total de 17 denuncias por la desaparición sin rastro de otras tantas personas. Dentro de esa categoría, el Ministerio del Interior engloba aquellas en las que “no se ha cesado por no conocerse el paradero de la persona desaparecida”, aunque “frecuentemente se da el caso que una familia o conocido presenta una denuncia pero olvida notificar cuando la persona en cuestión es localizada”. En la ciudad autónoma solo existe un caso de “alto riesgo confirmado” de acuerdo con la valoración de la Unidad de Policía Judicial que se encarga de la investigación según los criterios de la Instrucción 1/2009 sobre actuación policial ante la desaparición de menores de edad y otras.
En ella se establece que los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad deben “valorar las circunstancias que rodean el hecho concreto” de una desaparición “y determinar si la misma debe considerarse de alto riesgo o por el contrario de riesgo limitado”, como están calificadas las otras 16 activas en Ceuta, ninguna de ellas relacionadas con menores de edad.
La angustia del entorno de los desaparecidos no se refiere solo a los casos que se intuyen más dramáticos. Incluso cuando, al menos en origen, alguien se desvanece sin dejar huella, la ausencia de noticias, con el paso y el poso de los meses y los años, se vuelve tan o más insoportable que la expectativa de ellas.
Lo sabe bien Juan Luis Delgado, que tuvo a Miguel Ángel, el hijo del que no sabe nada desde 2015, en Ceuta, donde hizo el servicio militar en Regulares y permaneció hasta que se fue a Granada a estudiar Historia del Arte. Allí vivió y de allí salió maltrecho de una relación. Regresó a Almansa, donde entonces residían sus padres (su progenitor era miembro de las Fuerzas de Seguridad hasta el año pasado, cuando se jubiló) y se encerró en su habitación y en sí mismo. Un 18 de febrero de 2014 quiso huir y su padre, con un compañero, le encontró.
Al día siguiente volvió a intentarlo con éxito definitivo. Su hermana supo de él, que trabajaba en Madrid, hasta 2015. Desde entonces, nada. “No ha renovado ningún carné ni permiso, no figura en Hacienda ni en el INE ni en el paro... Es desesperante no tener noticias, no saber nada, que los sobrinos pregunten por él, es muy doloroso, una preocupación horrorosa, porque piensas en lo peor”, explicó ayer por teléfono a ‘El Faro’ su padre, que no pierde la esperanza de “algún amigo, algún conocido del que nosotros no sepamos pueda tener alguna noticia suya y saber, al menos, que lleva su vida donde sea”.
“Es desesperante no tener noticias”, dice el padre del ceutí Miguel Ángel Delgado
Para las Fuerzas de Seguridad cualquier desaparición, que hay que denunciar cuanto antes, los hechos de personas se califican en dos tipos o niveles de riesgo en función de distintos criterios.
Siempre que los protagonistas son menores se presume alto riesgo con independencia de la presunta voluntariedad o no de la desaparición. Con los adultos se valora, entre otras cosas, la existencia de “indicios de un posible secuestro, retención o extorsión o que permitan suponer que la desaparición ha sido originada por la actividad delictiva de terceros”.






