Hay amores imposibles que se recuerdan toda la vida, unos con recelo y dolor y otros que dejan un aprendizaje para siempre, incluso están aquellos amores imposibles que jamás llegan a saber que un día lo fueron en Ceuta.
Hoy, 16 de febrero, Día Internacional de los Amores Imposibles, conocemos historias reales a pie de calle que evidencian que un amor imposible puede serlo de muchas maneras.
Llegaban las 12:00 horas de la mañana cuando los ceutíes paseaban tranquilamente por la ciudad, hasta que FaroTV asaltaba sus recuerdos para recabar en sus memorias más nostálgicas: los amores imposibles de sus vidas.
Tras conocer la pregunta, mucho lanzaban su mirada al cielo, a otros les salía de forma natural una mueca provocada por una mala experiencia, pero otros tantos recordaban con nostalgia a ese amor que nunca fue, y que se habrían agarrado a cualquier oportunidad para hacerlo posible.
La mañana comenzaba con Charo y su historia de amor frustrada, marcada por “los tiempos que corrían entonces”. Esta señora rompió el hielo anunciando lo evidente, “casi todo el mundo tiene un amor imposible”, dijo.
Sea de la niñez, de la juventud o de la madurez, continuaba Charo. Hace muchos años, según relata, ella misma fue protagonista de su historia de amor sin un principio siquiera que recordar.
Ella estaba enamorada, pero este joven jamás se fijó en ella, o eso cree Charo, pues jamás se declaró “porque eran otros tiempos en los que el hombre era el que debía declararse”.
Tal vez este joven si se fijó en Charo, pero jamás nunca lo confesó. Aquí un ejemplo de un amor que no se dio, que se dejó perder sin ni siquiera haberse intentado, atravesado por las balas de la cultura entonces y las barreras que veían indestructibles para las mujeres, decir un simple “me gustas”.
“No debía ser lo suficientemente guapa”, decía con media sonrisa Charo, pero seguro que no fue por eso, Charo, ¡bien guapa que es usted!
“Pero se supera, ¡eh!”, concluyó Charo con tono amable y entre risas.
La joven Layla nos enseña que a día de hoy también hay amores imposibles, por mucho que se hayan eliminado ciertas barreras en la sociedad, siempre quedarán muchas otras por derribar.
“Por cosas de la vida no podemos estar juntos, no puedo decir por qué”, trasladó la joven. Dejar marchar este amor supuso para Layla “impotencia, malestar y demasiada tristeza”.
Y al siguiente entrevistado hemos tenido que tirarle de las orejas… ¡Pero Juan Ramón, hombre! Eso no es un amor imposible… ¡es perder a un amor por mala cabeza!
“Cuando yo era joven conocí a una chica, salimos juntos y yo era muy infiel, así que sus padres la quitaron de en medio y se la llevaron lejos”, cuenta con total sinceridad Juan Ramón.
“Que Dios y ella me perdonen, me arrepiento mucho”, dijo con la mano en el pecho.
Y en esta línea, algo podemos intuir con las declaraciones de Kauta. “No sirven para nada los hombres y prefiero no tenerlos en mi vida”, decía con contundencia tras un golpe duro del que era su amor.
Y hay quienes durante toda la vida, solamente han vivido eso, amores imposibles. Esta es la historia de Pamela, quien parece no haber tenido mucha suerte en el amor.
“Los hombres son complicados, nos dicen a nosotras que somos complicadas y son más complicados ellos que nosotras”, relataba esta mujer decidida.
La falta de comunicación ha sido siempre una traba para ese camino de amores imposibles. Ya saben, hablen con sus parejas y cuiden lo que tienen, no vaya a ser que la falta de entendimiento deje volar un amor sincero.
Por otro lado, está Adrián, quien nunca se atrevió a confesarle a su mejor amiga de la ESO que estaba completamente enamorado de ella. Esto no le pasaría hoy en día y ha querido enviar un consejo para todo: “Que nadie se acobarde de decir lo que siente porque es peor el sentimiento de no haberlo intentado que el que provoca el rechazo”.
Si en algo han coincidido todos los entrevistados es en la tristeza y destrozo que deja un amor imposible. “Te deja destrozado”, decía Elsa.
“Además del dolor te deja vacío”, continuaba Pamela.
Pero, no se pongan tristes, pues dentro de la nostalgia que dejan los amores imposibles, la vida siempre pone por delante un ejemplo para volver a creer en el amor, como Julia y José María, quienes celebrarán dentro de poquito sus bodas de oro.
“Yo lo conocí con 14 años y tengo 70”, decía Julia con una sonrisa de oreja a oreja. Su amor, y único amor, fue muy posible. “Salió bastante bien”, concluyó José María.
Hay amores que no están destinados a quedarse, pero sí a enseñarnos a sentir de nuevo, de forma distinta. No todo amor necesita un final feliz para ser verdadero.
A veces, lo imposible no significa ausencia de amor: lo vuelve inolvidable y, en otras muchas ocasiones, Dios nos regala amores imposibles porque, seguramente, en sus planes estaba destinado un plan mucho mejor.
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