Esa es la clave y fue el propio presidente de la Ciudad, Juan Vivas, el que se encargó de mostrarla. La celebración del final de Ramadán fue una jornada de convivencia y tranquilidad en Ceuta, una jornada festiva para todos, lo que demuestra el respeto que se tiene por las festividades de todas las comunidades.
Ceuta es, quizá sin saberlo, una gran privilegiada. Lo que en otros territorios puede entenderse como extraño, aquí se ha conseguido que sea lo normal. Muchos son los que han luchado por conseguirlo. Los resultados los tenemos ahora y hay que cuidarlos para las posteriores generaciones.
“Hoy es un día de fiesta en Ceuta, lo dice el calendario laboral y lo dice el corazón, la voluntad y el compromiso de toda la sociedad ceutí, de todos, con independencia del credo, al servicio de ese bien tan preciado que nos distingue y enriquece como pueblo, el bien de la diversidad cultural, de nuestra pluralidad religiosa, el bien del respeto y la concordia, el bien de la convivencia”.
Unas palabras que deben ser remarcadas, dichas con total acierto por el presidente Vivas y dignas de una ciudad que tiene que seguir avanzando en el respeto de todos, obviando el ruido, los gritos y las salidas de tono de quienes demuestran no querer Ceuta.
La comunidad musulmana pudo celebrar el final de Ramadán tras un mes sagrado que han disfrutado en familia, con la paz y la espiritualidad merecidas.
Ceuta vivió su día festivo, siguiéndose en la senda de la concordia y la fraternidad en el corazón de todos los ceutíes.
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