Alrededor de 30 menores lograron cruzar a Ceuta desde Marruecos. Lo hicieron juntos, aprovechando una tarde más de casi verano para bordear el espigón del Tarajal y entremezclarse con los demás bañistas.
La Guardia Civil rechazó además a unos 70 adultos que habían pretendido esa misma incursión a nado.
En las últimas 24 horas, entra la tarde del viernes y esta misma mañana, la Benemérita se ha hecho cargo de todos esos inmigrantes. Unos cien, cifra que no incluye a los que llegaron a los arenales y escaparon a la carrera, ni a los que quedaron en Marruecos, en donde seguían concentrándose chicos dispuestos a emprender la ruta del espigón.
No hay balance oficial, nunca se difunde, a la espera de que el Ministerio del Interior sea el que en sus memorias quincenales incluya las cifras de entrada que nunca tienen en cuenta los intentos que se han llevado a cabo.
Por eso no son estadísticas reales ni adecuadas a la presión que se focaliza en la frontera sur. Esa es la queja de los guardias civiles, que lo que se ‘vende’ oficialmente no casa con la realidad a la que se enfrentan y que es constantemente denunciada por la Asociación Española de la Guardia Civil (AEGC).

Desvío del helicóptero, del vallado a la playa
Los marroquíes que alcanzaron los arenales sin ser vistos buscaron la escapada a barriadas cercanas o la entrada en instalaciones ubicadas cerca del espacio fronterizo para esconderse.
La Guardia Civil estuvo rastreando las inmediaciones de algunas de ellas ubicadas frente a la Almadraba.
El Área de Menores ha ido incluyendo en los recursos de los que dispone a los recién llegados, sin contar los que en próximas horas serán desviados previa identificación en la Policía Nacional.
La Guardia Civil tuvo que afrontar el pico de entradas requiriendo apoyo de la Policía Nacional y contando con el helicóptero que estaba en labores de reconocimiento por la zona del perímetro.
Optó por desviarse a la parte de la playa en donde se registraban las entradas, posicionándose encima de los nadadores.
Fue precisamente su presencia en el lugar lo que más llamó la atención de los ciudadanos que o bien se encontraban disfrutando de la playa y tuvieron que ser desalojados o caminaban por el lugar.

El lado marroquí
Lo ocurrido ayer cumple una ecuación casi perfecta. Playas llenas y nula vigilancia en el lado marroquí, cuyos agentes no sacaron las embarcaciones excusándose en el estado del mar.
Los nadadores se echaron al agua con lo puesto: bañadores, flotadores y aletas. Alguno, también, con traje de neopreno.
A las entradas que se producían se sumaba la presencia de más personas en Marruecos dispuestas a emprender esa misma travesía. La vigilancia se ha mantenido como norma habitual en un espacio fronterizo sometido a presiones continuadas que ya no entienden de periodos estacionales concretos.






