El Ministerio de Interior sigue mareando la perdiz en torno a las devoluciones en caliente y dejando la carga de culpa sobre las espaldas de los agentes a los que se les encomienda cumplir con esas órdenes. Ellos serán los que figuran como ejecutores de una medida que políticamente nunca ha estado clara, hasta el punto de que según la presión del momento se han aceptado encaramados o no. Ha habido incluso jornadas en las que una devolución en caliente ha dependido de las horas que permanecía un subsahariano sobre la valla.
Ahora nos viene el ministro en funciones de un (no) gobierno, Grande-Marlaska, a contarnos que con estos “rechazos en frontera” están cumpliendo con la ley porque “no hay un acceso a territorio nacional”. Mienten como bellacos, lo hacen ellos los mal llamados socialistas y lo hacían los otros, los de la derecha con aquella pantomima en forma de excusa con la que Fernández Díaz nos ilustró la ubicación de una línea imaginaria fronteriza. Ese juego del estar o no estar en territorio español se lo podrían aplicar para todo el perímetro, conociendo las zonas españolas en donde Marruecos ha comido terreno y los puntos en donde permiten que sea zona de nadie para no molestar. Pero en eso Interior no entra porque sabe que si lo hace no tendrá una avalancha sino veinte seguidas.
España ha actuado con los inmigrantes encaramados como ha querido, según los momentos
El ministro de Interior, que parece haberse olvidado que en su día le pagaban por ser un hombre justo, afirma que España está esperando lo que resuelva de forma definitiva el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en esta materia. Y mientras hace lo que considera que debe hacer aunque suponga cargarse la españolidad de terrenos porque le viene en gana.
Marlaska se ha olvidado de cuando era juez y le pagaban por ser un hombre justo
España actúa a impulsos, siempre lo ha hecho, actúa según los focos de los medios de comunicación, moviéndose en la clandestinidad como quieren y de la manera que quieren. Ninguna actuación aplicada en el ámbito migratorio tiene sentido. Mucho menos las devoluciones en caliente que siguen ejecutando y lo hacen de manera doblemente cobarde: atentando contra los derechos humanos de una persona a la que ni siquiera han identificado y dejando toda la responsabilidad sobre los agentes de la Guardia Civil a los que se les obliga a la comisión de prácticas que ni están claras ni están blindadas jurídicamente.
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