E l naufragio de una embarcación procedente de Libia con más de 800 inmigrantes el pasado 19 de abril fue un duro y cruel recuerdo de que estamos ante uno de los mayores retos del siglo XXI, tanto para Europa como para el resto del mundo. En los últimos años, estas tragedias se han vuelto cada vez más frecuentes, debido en gran parte a la inestabilidad política y económica en los países de origen de muchos de los inmigrantes irregulares que cruzan el Mediterráneo para llegar a Europa.
En 2014, 167.184 inmigrantes fueron rescatados en el Mediterráneo, el 85 por cien procedentes de Libia.
En el primer cuarto de este año, 10.165 inmigrantes llegaron a Italia; la mayoría procedentes de Gambia, Senegal, Siria, Somalia y Mali. Trágicamente, en 2014, 3.279 personas murieron en naufragios en el Mediterráneo. En lo que vamos de 2015, ya han muerto 1.654 personas. Las cifran hablan. Es necesario responder de manera urgente, eficiente y global a la realidad cada vez más trágica que se está produciendo en las costas del Mediterráneo.
Desgraciadamente, el trágico naufragio que tuvo lugar el 19 de abril no es el primero. En 2013, murieron más de 300 personas cerca de la isla de Lampedusa. A raíz de ese trágico acontecimiento, la Unión Europea, desde su obligación moral y humanitaria, actuó inmediatamente y desde entonces se han implementado varias medidas, aunque todavía no hayan tenido unos resultados que permitan afirmar que hemos cambiado la realidad y hecho frente a la situación.
El Consejo Europeo de marzo de 2014 abordó las relaciones entre la Unión Europea y África, pidiendo que la cuarta Cumbre Unión Europea-África, que se celebró los días 2 y 3 de abril de 2014, tratase las cuestiones de la inmigración y movilidad, incluida la inmigración irregular y la lucha contra el tráfico de inmigrantes y la trata de personas, en un espíritu de responsabilidad compartida entre los países de tránsito, de origen y de destino. Fue gracias al gobierno de España que este asunto se tratase en la Cumbre de la cual salió una Declaración sobre la migración y movilidad y una Hoja de Ruta Unión Europea-África que estableció cinco prioridades para una acción conjunta entre los dos continentes.
España, como unos de los Estados miembros de la Unión Europea que constituye frontera exterior , ha jugado un papel primordial en la búsqueda de soluciones respecto a los flujos migratorios en el Mediterráneo y ha mostrado una especial sensibilidad ante este drama. España organizó en abril de 2014, en Alicante, una reunión del Grupo Mediterráneo compuesto por los ministros de Asuntos Exteriores de Chipre, Francia, Grecia, Italia, Malta, Portugal y España, donde se aprobó una declaración sobre los flujos migratorios en el Mediterráneo, sobre su evolución reciente y las acciones a desarrollar en el marco de la Unión Europea. Esta declaración ha sido una importante aportación en los debates europeos sobre esta cuestión.
La presencia española en todas las operaciones de paz que son necesarias para erradicar los conflictos que causan la emigración: Somalia, República Centroafricana, Mali y Níger muestran el importante compromiso español. Las medidas que ha puesto en marcha España, basadas en buena medida en la cooperación con países de origen y de tránsito de la inmigración (como por ejemplo en Mauritania y especialmente en los últimos tiempos en Marruecos), así como los programas de fortalecimiento institucional como el programa Masar, camino en árabe, o APIA, también pueden ser utilizadas como buenas prácticas a nivel internacional. Además, España está actualmente promoviendo una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU que sirva de paraguas para una intervención limitada.
La rápida convocatoria del Consejo Europeo extraordinario que tuvo lugar el 23 de abril de 2015 a raíz del trágico naufragio es otro ejemplo de la inmediatez con que la Unión Europea está intentando reacciona. El 20 de abril se presentó un plan de 10 puntos de las acciones inmediatas que se podrían tomar en respuesta a la crisis en el Mediterráneo respecto la inmigración, entre otras, reforzar las operaciones en el Mediterráneo como Tritón y Poseidón y destruir las embarcaciones usadas por los traficantes de humanos.
La reunión extraordinaria del Consejo Europeo de abril reforzó el compromiso europeo ante las tragedias en el Mediterráneo para evitar que sigan produciéndose muertes y abordar las causas del drama humano al que se está enfrentando, en cooperación con los países de origen y tránsito. La Declaración subraya los compromisos europeos en cuatro ámbitos: reforzar la presencia en el mar a través de las operaciones europeas triplicando como mínimo los recursos financieros a tal fin en 2015 y 2016; luchar contra los traficantes con arreglo al Derecho Internacional a través de la captura y destrucción de embarcaciones usadas por los traficantes, entre otras cosas; reforzar la solidaridad y la responsabilidad internas aumentado la ayuda de emergencia a los Estados miembros de primera línea; y prevenir los flujos de migración ilegal.
El Gobierno de España y la Unión Europea en su conjunto han dado importantes pasos en la buena dirección. Sin embargo, los avances son todavía insuficientes debido a los múltiples factores que afectan al continente africano como el hambre, las guerras, la inestabilidad y los conflictos religiosos, que se unen al importante problema demográfico que sufre la región, cuya población sigue aumentando a un ritmo mucho mayor que el de su economías.
Para dar respuesta a esta dramática situación, es importante mantener una coherencia entre las políticas y abordar el problema desde un enfoque integral: políticas de desarrollo amplias que favorezcan oportunidades y expectativas de vida en los países de origen, políticas migratorias coordinadas a nivel internacional y europeo, y entre los países de origen, tránsito y destino, y programas de acción humanitaria ante las situaciones más críticas de necesidad. La coherencia entre todas estas políticas puede contribuir a crear un contexto en el que la necesidad no sea la razón que conlleve a las personas a tomar la decisión de convertirse en migrantes, por un lado, y logremos poner fin al escalofriante número de personas que pierden la vida en nuestras costas.
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