En estos días estamos siendo testigos del derribo del teatro Cervantes. Es una imagen muy triste ver las entrañas de un inmueble que ha formado parte indispensable de la vida artística y cultural de Ceuta durante muchas décadas, como bien ha detallado “El Faro de Ceuta” en un extenso y bien documentado artículo periodístico. De este edificio recuerdo las películas que vi de pequeño, las colas de soldados de reemplazo y, sobre todo, las celebraciones del Día del Ahorro organizadas por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Ceuta, en la que trabajaba mi padre. También guardo en la memoria su transformación en una atractiva discoteca, una vez que dejaron de ser rentables las proyecciones cinematográficas.
La desaparición de las salas de cine es un fenómeno mundial que comenzó en los años ochenta y noventa con la aparición de los vídeos domésticos y los videoclubes. Fue entonces cuando la gente prefirió quedarse en casa viendo en familia o en solitario películas. Ya en tiempos más recientes llegaron con fuerza las plataformas de streaming, como Netflix, Amazon Prime Video o Disney+, en las que, además de estrenos cinematográficos, se pueden disfrutar series de gran calidad narrativa. La tendencia actual es la reducción, o incluso eliminación, del tiempo que dista entre los estrenos en el cine y su disponibilidad en las plataformas aludidas con anterioridad.
La pandemia de COVID-19 supuso el cierre temporal o permanente de las salas de cine. El resultado final de la combinación de los factores a los que hemos hecho referencia ha llevado a la desaparición, en los últimos cuatro años, del 80% de los cines en nuestro país. Sólo unos pocos cines clásicos han sobrevivido reconvertidos en otras modalidades de negocio, como salas de concierto o fiesta. Este modelo de reconversión lo aplicaron los dueños del cine Cervantes durante unos años con éxito. En aquellos años los ceutíes disfrutamos de uno de los pubs más bonitos que hemos tenido en Ceuta y de una de las discotecas más coquetas de nuestra ciudad.
Desconozco el motivo del cierre de este negocio, pero fue, sin duda, una pérdida importante en la oferta de ocio y restauración de Ceuta. Puede que la razón fuera el alto valor económico del amplio espacio urbano que ocupaba el teatro Cervantes en pleno centro de la ciudad, lo que explica el cambio de uso de esta parcela de uso cultural a residencial recogido en el nuevo PGOU. Sobre este cambio de uso, que iba a suponer el derribo del teatro, llamamos la atención en nuestras alegaciones al documento de revisión y adaptación del PGOU de Ceuta en el año 2014. En nuestro escrito expusimos que “en los últimos años se ha tendido a desestimar lo antiguo como si fuera malo atenderlo, tal es el caso de nuestro teatro Cervantes, un lugar interesante desde el punto de vista arquitectónico, o el Cine África que se ha demolido sin ni siquiera contemplar la posibilidad de optar por su conversión en un espacio para la difusión cultural”.
Nuestra llamada de atención sobre el interés arquitectónico del teatro Cervantes fue ignorada, como el resto del contenido de nuestro documento de alegaciones del PGOU de más de ciento cincuenta páginas. La extensión de nuestras alegaciones contrastaba con la exigua respuesta de una carilla de folio a doble espacio. Fue una manera de decirnos que les importaba un bledo la opinión de la ciudadanía y un evidente desprecio a nuestro trabajo de análisis y comentario del PGOU. Si buscaron indignarnos le decimos que enhorabuena, lo consiguieron, pero no lograron hacernos desistir de nuestro empeño de velar por nuestro patrimonio natural y cultural.
La piqueta es inmisericorde y se ha cobrado una nueva víctima con el derribo del teatro Cervantes. Es una muerte anunciada hace muchos años y que se ha perpetrado en cuanto se ha obtenido la aprobación definitiva del nuevo PGOU. Mucho nos tememos que se ha dado el pistoletazo de salida del derribo de muchos inmuebles que han sido descatalogados como inmuebles protegidos y al arranque de grandes proyectos inmobiliarios, como el que ocupará el espacio dejado por el teatro Cervantes o el diseñado para la inmediata parcela del patio Hachuel.
Los movimientos de tierra van a ser incesantes y, con ellos, el peligro de alteración del patrimonio arqueológico. La presión que se va a ejercer sobre la Consejería de Educación y Cultura y sobre los profesionales de la arqueología para acelerar los trabajos de documentación de los vestigios arqueológicos, que a buen seguro van a salir a la luz, puede resultar insostenible. En estos años se ha realizado una gran labor de gestión del patrimonio arqueológico concretada en el cumplimiento de la obligación normativa de supervisar cualquier movimiento de tierra en las zonas de mayor protección. Sin embargo, no se ha cumplido el apartado del apéndice de protección del patrimonio arqueológico que establecía la creación de un Servicio Municipal de Arqueología. Un solo técnico, por muy solvente que sea, no puede asumir en solitario la gestión de todas las intervenciones arqueológicas que se han realizado en el pasado y todas las que se prevén que se ejecutarán en los próximos meses y años.
Toca estar muy pendiente de los cambios y transformaciones urbanas que incluye el PGOU, que inicia sus primeros pasos en firme. Mucho nos tememos que pueden afectar a la imagen de la ciudad y llevarse por delante muchos edificios de interés patrimonial, además de poner en peligro el patrimonio arqueológico. Para evitarlo la Ciudad debe dotarse de los suficientes medios económicos y humanos para gestionar de manera adecuada la imprescindible protección y tutela de nuestros bienes culturales. Tampoco estaría mal que fuera mucho más transparente en las decisiones que se adoptan respecto a nuestro patrimonio cultural y natural. Como hemos denunciado en otras ocasiones, la Comisión de Patrimonio Cultural se ha vuelto un organismo totalmente opaco, pues la opinión pública desconoce cuándo que se reúne, qué asuntos discuten y qué decisiones adopta. De igual forma, el Consejo Sectorial de Medio Ambiente sigue sin reunirse desde hace años, a pesar de las solicitudes realizadas por los colectivos conservacionistas.
Dentro de unos meses cumpliremos veinticinco años de actividad ininterrumpida en la defensa, estudio y difusión del patrimonio natural y cultural de Ceuta. Desde luego no estamos dispuestos a rendirnos y seguiremos hasta donde llegue nuestra fuerza vital. Ésta, por ley natural, ha ido disminuyendo con el paso de los años, pero seguimos fuertes. Estamos dispuestos a seguir presentando batalla, pero no vendría mal que se sumara a la causa gente joven y combativa. Vamos a necesitarla, pues mucho nos tememos que el derribo del teatro Cervantes es el primer hito de un proceso amplio de transformación y alteración del centro histórico de Ceuta.
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