Las fronteras no son únicamente delimitaciones geográficas. A las líneas delimitadas con escuadra y cartabón al albedrío de los dominadores, a los bordes diferenciados por cuestiones políticas e históricas, se añaden barreras ocasionadas por relaciones de poder. Es en este punto donde estará centrada la atención de la ponencia de Carmen Osuna (Madrid, 1979), investigadora del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CCHS-CSIC), en el curso de verano de la UNED ‘Ciudades frontera y multiculturalidad’.
Las relaciones de poder aparecidas en los colectivos humanos están mayormente causadas por las visiones de los individuos y de los grupos a los que pertenecen (o a los que se cree pertenecer), conceptos teóricos que Osuna ha pretendido materializar en La Paz (Bolivia), capital en donde se desarrolla una alta tasa de migración interior desde zonas rurales del país.
“En La Paz existen fronteras interurbanas”, señaló Osuna. “Por un lado está una serie de fronteras visibles, las marcadas por los propios distritos de la capital boliviana. Por otro lado, hay fronteras de otro género, que consisten en las barreras construidas por los estereotipos existentes entre los ciudadanos que supuestamente pertenecen a un grupo social u otro. A este tipo de barreras las llamo invisibles. Es el papel de los prejuicios y estereotipos en la construcción de la identidades colectivas”.
Osuna habla de las relaciones entre el uno y el otro, ese prójimo, ese ajeno al que se le adjudican valores y rasgos preconfigurados. Sin entrar a extrapolar su estudio a Ceuta, una ciudad que no había visitado con anterioridad, Osuna pretenderá hoy mostrar una serie de conclusiones registradas en el estudio de campo que ha llevado a cabo en La Paz. “Los estereotipos se dan en todas las sociedades. No me atrevo a hablar de Ceuta porque no la conozco. Emitir un juicio sobre la ciudad sería precisamente caer en los estereotipos y prejuicios de los que hablo”.
El resultado de las migraciones desde el campo a la ciudad son el objeto de estudio de Osuna. Este tipo de dinámicas poblacionales y demográficas fueron intensas en la España de las décadas de 1960 y de 1970. Aún continúan, pero de un modo sensiblemente más moderado. Pero, ¿cómo ve el ciudadano urbano al recién llegado del campo? “Depende”, resuelve una Osuna que prefiere no caer en categorizaciones sociales.
“Entiendo que podríamos correr el riesgo de volvernos locos si no categorizamos. En realidad, la visión del uno hacia el otro depende de un amplio repertorio de causas. Pero, si hablamos de tendencias, sí es verdad que existe una polarización en los diferentes barrios, donde las relaciones de poder y de desigualdad están marcados. Los estereotipos hacia la población rural recién llegada suelen ser negativas, a veces irreconciliables, pero están sin embargo en constante convivencia. Suele haber espacios de internegociación. A veces se abren brechas entre los ciudadanos pertenecientes a diferentes colectivos”.





