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Demasiadas diferencias

La derecha furiosa está cabreada con Rajoy. No entiende su buena disposición parlamentaria para respaldar nuestra participación en la guerra de Libia cuando Zapatero negó el respaldo de España a la guerra de Irak en 2003. Y hasta le afean la conducta por no haber dedicado ni una palabra de apoyo al supuestamente incomprendido José María Aznar, que en su día solo contó con los votos de su partido para defender en el Parlamento la invasión iraquí por las tropas norteamericanas.
Las averiadas mentes de quienes entienden la política como un intercambio de golpes, sin otro objetivo que el de desgastar al adversario, al margen de lo que dicten los intereses generales o el sentido común, reprochan al PP haberse sumado a la práctica totalidad de los diputados (solo 3 votos en contra: 1 de IU, 2 del BNG), cuando este martes el presidente del Gobierno solicitó el apoyo de la Cámara a la presencia de España en el operativo militar dispuesto por la comunidad internacional en Libia al amparo de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Parece mentira que, ocho años después, todavía haya tanta gente empeñada en defender lo indefendible. Es decir, aquella guerra inmoral e ilegal que no trajo más que desgracias a escala internacional y que tal vez explique mejor que ninguna otra cosa, como causa última de la deslucida salida de Aznar del poder, la derrota del PP en las urnas de 2004.
Es cosa de ver cómo se esfuerzan en trazar paralelismos Irak-Libia quienes viven desde entonces un permanente ataque de contrariedad. Los paralelismos, si los hay, son secundarios. En cuanto a moralidad y legalidad, que son las dos varas de medir centrales, todo son diferencias a partir de la fundamental: no es lo mismo la real gana de Bush que la voluntad de la comunidad internacional formalmente expresada en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que es el gran gendarme de la paz y la seguridad en el mundo.
El uso de la fuerza militar en Libia para proteger a la población civil frente a un delincuente internacional excluye una invasión terrestre que hubiera evocado lo ocurrido en Irak en 2003. Y por eso nuestro Tea Party de cercanías se empeña ahora en defender la invasión terrestre. Para reforzar sus argumentos. Pero eso no va a prosperar porque se oponen los propios libios y la Liga Árabe. Y porque a la comunidad internacional no le hizo falta llegar a tanto para evitar el ridículo hasta que, por fin, se impuso el sentido común.
Otra de las muchas diferencias con Irak, donde el trío de las Azores no se molestó en recabar la complicidad de los países árabes del entorno. Demasiadas diferencias. Lo de Libia no se parece en nada a lo de Irak, aunque un Zapatero acomplejado por quienes le acusan de doble vara de medir no tuviera el coraje de haberlo defendido incluso antes de la resolución 1973.

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