Las cuidadoras y cuidadores de colonias felinas, incluso en los peores momentos vividos en nuestra ciudad, siempre han estado ahí para alimentar y cuidar de los gatos. Han salido todos los días. Lo hicieron durante la pandemia de la COVID-19, en la anterior crisis migratoria y lo han vuelto a hacer en esta.
No han recibido ningún tipo de ayuda por parte de las administraciones. Nadie se ha acordado de ellas, salvo la veterinaria Paloma, responsable del programa CER, que ha estado animándolas.
Como siempre, nadie del Ayuntamiento, responsable por ley (Ley 7/2023) de la gestión de las colonias felinas, se ha acordado de ellas ni, mucho menos, de las propias colonias.
Sabemos que la situación era crítica, pero precisamente en esos momentos es cuando una administración debe cumplir con las competencias que tiene atribuidas.
En el Ayuntamiento tenemos políticos que parecen estar más pendientes de competencias que corresponden a otras administraciones que de ejercer las suyas propias. El afán de protagonismo y de figurar parece imponerse a la obligación de gestionar aquello de lo que realmente son responsables.
Mientras tanto, las cuidadoras de colonias, como siempre, han salido a la calle para llevar comida y agua a los gatos. Se han encontrado con numerosas dificultades, pero, una vez más, han conseguido cumplir con su compromiso sin la ayuda de nadie.
Es lamentable que muchas colonias hayan sufrido daños: se han retirado recipientes de agua y se han alterado espacios destinados a los animales. La mayor preocupación de las cuidadoras era el estado de los gatos y, afortunadamente, todo indica que, aunque muy asustados, se encuentran bien.
También hay que destacar que, en algunas zonas, las cuidadoras han hablado con las personas migrantes y estas han comprendido que no debían ocupar los espacios habilitados para las colonias felinas, mostrando una actitud de respeto.
De cara al futuro, queda una lección importante: cuando se produce una crisis, sea de la naturaleza que sea, cada administración debe asumir y ejercer sus competencias. No hay mejor forma de colaborar que cada institución haga bien el trabajo que le corresponde. Dejemos que la Delegación del Gobierno desempeñe sus funciones y que el Ayuntamiento haga las suyas.
Y termino con una reflexión personal. Si en las próximas elecciones gana el Partido Popular, quizá podría nombrar a Juan Vivas delegado del Gobierno. A veces da la impresión de que ese cargo es el que realmente le gustaría desempeñar: dirigir a la Policía Nacional, la Guardia Civil, el Ejército y recibir informaciones de los servicios de información, etc. Si esa es su verdadera aspiración, tal vez estaría más satisfecho ocupando ese puesto que el que tiene ahora, pero naturalmente lo que haría falta es que sepa estar a la altura de un delegado del Gobierno, que nada tiene que ver con ser un alcalde-presidente. Esta es mi opinión personal.
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