Pasadas ya las elecciones, después de la resaca nefasta para unos y gloriosa para el resto, llega el momento de analizar cómo funcionó la infraestructura electoral. Todo salió bien, los colegios abrieron a su hora y cerraron sin incidencias. Pero hubo errores que no pueden volver a repetirse porque rozan el desprecio hacia las personas que, estando en las mesas, hicieron posible que las votaciones se llevaran a cabo correctamente.
No voy a detenerme en si faltaban papeletas y bolígrafos, aunque sean algo más que detalles que se fueron subsanando poco a poco. Aquí lo que importa son las personas y el trato que se les dio. Voy al grano. En otras elecciones, al término del recuento final de los votos, la firma de las actas y la recogida de todo el material se procede a su traslado a la sede judicial para su custodia. Siempre, en otros comicios, los miembros de las mesas que deben encargarse de este traslado han contado con un servicio de transporte que les facilitaba la seguridad debida. Se contaba con la Policía para ello, porque no hay que olvidar que en estas personas están como autoridad y son responsables de la custodia de elementos clave.
Pues bien. En esta ocasión no sé qué falló ni a quién se le olvidó tener en cuenta ese transporte, pensar en estas personas que han cumplido con una labor importante durante toda la jornada después de haber sido elegidos para ello. ¿Ustedes ven normal que a la una de la madrugada se les viera llegando al juzgado con las cajas con todo el material solos por la calle?, ¿o que tuvieran que buscarse la manera de agenciarse una vía de transporte para regresar a sus casas?, ¿se le olvida a la administración la función que estaban desempeñando estos ciudadanos?, ¿por qué no se actuó con ellos como en otras elecciones? La verdad es que la situación fue bastante lamentable, exige que no vuelva a producirse buscándose alternativas, acuerdos u otras vías para que no se repitan este tipo de situaciones. Son algo más que detalles.






