Nada te espante”, decía la santa abulense, claro que, no conocía hasta dónde podría llegar el latrocinio de la cleptocracia catalana en su larga travesía del 3 pro ciento al “me lo llevo todo” de los muy honorables.
La depredación de los fondos públicos solo es la punta del iceberg del problema que viene arrastrando España desde que se transfirieron determinadas competencias a las autonomías en un adalid de demostración democrática –los había que necesitaban huir rápidamente de su pasado –,que en el caso de la educación han traído una sociedad manipulada, desinformada e intencionadamente instruida bajo la falacia, el razonamiento ucrónico y la manipulación histórica.
La creación de figuras con títulos de molt honorable guardando un paralelismo singular con la elevación a los altares de los santos, es una desviación de las competencias de un gobierno que anda más preocupado por sus cuentas en Andorra o Suiza que por las tasas de pobreza de la región, pero que necesita crear figuras míticas que avalen su torticera historia nacionalista. Esta vez les ha salido el tiro por la culata.
La impunidad social, desfachatez y sinvergonzonería con la que pasea estos días el padre de la cleptocracia catalana, los casuales infortunios que han recibido los periodistas que lo buscaban, su intención, hecha pública, de denunciar a los bancos andorranos que destaparon el fraude tributario auto confesado, y las afirmaciones de los patriarcas del clan sobre el olvido del asunto, dejan a la sociedad catalana en muy mal lugar por no desmitificar lo que ellos entienden como muy honorable, crispando y exasperando a una sociedad tan agotada que apenas cree en la democracia, y los pocos que lo hacen se entregan a las apariciones mesiánicas de partidos de índole dictatorial, como ya lo muestran las encuestas que sitúan a Podemos como tercera fuerza política.
La esperanza depositada en la Agencia Tributaria y los juzgados queda eclipsada por la lentitud con la que los acontecimientos se suceden. En lugar de asistir a los tradicionales paseíllos al juzgado, nos retrasmiten las imágenes del tranquilo callejeo de la anciana pareja protagonista del que pudiera ser el mayor escándalo de corrupción de toda la democracia, que Manos Limpias cifra en 50.000 millones de euros.
La desfachatez e impunidad con la que se mueve cualquier manilargo asociado a la política en Cataluña, y por ende España, no es un hecho aislado en el tiempo. El Estado español lleva casi 40 años de bajadas de pantalones tan continuadas que los nacionalistas siempre nos sorprenden en pelotas, teniendo que acudir al socorro del Tribunal Constitucional a sabiendas del resultado incierto de un tribunal de justicia que se nombra por acuerdo político.
La falacia del derecho a decidir cuando lo que se pone en peligro es el bienestar común de todos los españoles, no es más que una cortina de humo tras la que se practica el latrocinio sin medida de las arcas del Reino de España.





