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Diez días confinados: lluvia, levante y vida en la ‘Libertad’

Se hace cada vez más patente el silencio en una Ceuta que hiberna esperando que pase la pandemia

El levante y la lluvia acrecientan esa sensación de desolación que muestran las calles. Unas vías en las que con suerte se cruzan cuatro personas. Es complicado acceder a la vida en estos diez días de estado de alarma, porque la vida se ha confinado entre cuatro paredes hasta que pase la pandemia. Ya son nueve casos los que cuenta Ceuta. Sin duda ha aumentado la sensación de obligación, de no salir, de aguantar el tirón y que tres semanas merezca el resto de nuestros días.

A las mascarillas y los guantes se sumaba otro complemento este martes: los paraguas. Tantos objetos encima que dificultan más aún llevar unas bolsas de la compra repletas da igual el día que sea. La ciudad se aprovisiona y, aun así, siempre falta algo. Ahora falta gente en las calles. Esa vida la suple la fauna de una ciudad que pasa mucho más desapercibida cuando tenemos que ir esquivando cuerpos. Las gaviotas y los gatos se enzarzan en luchas sin cuartel para hacerse con una comida que, hasta hace no tanto, conseguían con mayor facilidad de los restos que se encontraban en las terrazas de cafeterías y bares.

Todo sigue cerrado. A excepción de los establecimientos básicos: supermercados y farmacias, en su mayoría, que siguen estando abiertos. Sin embargo, se aprecia un cambio en la manera de atender. La distancia recomendada de metro y medio parece tener sus repercusiones en la manera de entablar una conversación. Faltan gestos en la cara, porque falta medio rostro que ver. Falta humanidad. Falta ruido.

La estampa tiene el apellido de extraña. Se ven casi los mismos coches utilitarios que militares. De cada tres, dos son de fuerzas de seguridad. Hay un hilo que une todo y es una palabra que hasta hace tres meses nos era desconocida: coronavirus. Ahora, vehículos militares recorren Ceuta sirviendo de apoyo y también potenciando el aparato logístico de la ciudad: por tierra pero también por aire, ya que un helicóptero Chinook de las Fuerzas Armadas ha sido el encargado de traer el material sanitario tan necesario para los días que vendrán en el Hospital Universitario.

Hay valientes, o supervivientes, que aparecen en las escolleras tapados con plásticos para salvar la lluvia que, paradójicamente, no paran de mirar al mar. O a la tierra que hay al otro lado. Hasta el Estrecho parece que guarda la distancia de seguridad.

Y mientras las casas están selladas motu proprio, todavía se puede ver algo de vida, algo de ruido, algo de algarabía en el pabellón de La Libertad, donde si uno se asoma, puede encontrarse grupos de personas que esperan a algo. Como todos en estos días.

Por su parte, la Consejería de Medio Ambiente y Servicios Urbanos a través de una brigada de la empresa Tragsa han desarrollado actuaciones de desinfección en edificios públicos y centros comerciales que ha llevado a cabo.

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