Los cementerios de Ceuta: el de Santa Catalina y el de Sidi Embarek, guardan para siempre los restos de decenas de hombres, mujeres y niños cuyo último destino ha sido esta ciudad. Un destino nunca buscado y que no hace sino marcar una tragedia cada vez más clara con una asignatura pendiente que no hemos logrado aprobar. Seguimos sin disponer de instalaciones para poder conservar cadáveres un tiempo prudencial con vistas a hacer posible una identificación; seguimos sin tener un centro de referencia que trabaje al margen de las investigaciones de la Guardia Civil para localizar a familiares y seguimos sin disponer de una comunicación más directa con Marruecos para facilitar los reconocimientos familiares. Todas estas trabas se producen en una Frontera Sur donde se agolpan las desgracias y donde están enterradas muchísimas personas a las que nunca se les pudo identificar. Y eso es lo más grave, no haber siquiera puesto nombre a los muertos para al menos conseguir que sus familias sepan dónde terminaron.
Una ciudad como Ceuta debería haber superado hace muchísimo tiempo esta cadena de obstáculos. Lo tendría que haber hecho porque es una deuda moral que tenemos con todos aquellos que arriesgan sus vidas por cruzar por mar o por la valla y que se topan con lo nunca esperado: la muerte.
En algunos casos se logra la identificación por pura suerte, pero en otros muchos nunca se sabe quién es el fallecido. Ha habido situaciones de familias que, para cuando han llegado a Ceuta con ánimo de llevarse los cuerpos para enterrarlos en sus lugares de origen, se han topado con que ya estaban enterrados y resulta inviable ese traslado hasta que no se supere un periodo y haya una orden judicial. Lo que debía ser un trámite sencillo se convierte en un imposible, todo ello porque no se dispone de un espacio donde albergar cuerpos durante un tiempo estipulado antes de proceder a su entierro. Las cámaras que sí funcionan en la Península, aquí son una odisea, y si tenemos en cuenta el espacio y las condiciones en las que tienen que trabajar los médicos forenses... imaginen ustedes... como para pedir que los cuerpos puedan estar más días en la sala de autopsias.
Nunca, quienes tienen responsabilidad, se han preocupado por pura empatía de esta situación. Nunca es tarde para hacerlo. Aunque los muertos no voten.







Los muertos han de ser enterrados , y podría existir un banco de ADN de esas personas para proceder a su estudio respecto del ADN de los familiares que se interesan por sus seres queridos.