Andan las fuerzas políticas de este pueblo enfrascadas en el debate del toque de queda y su flexibilización de cara a la Semana Santa. Mientras Ceuta siga teniendo la cantidad de casos acumulados que registra, no debería darse calor a este tipo de luchas que no esconden más que intereses partidistas y de presiones de grupos de poder. Lo que menos les interesa es la protección de la salud pública, lo que se pone encima de la mesa es a quién beneficiamos cambiando una hora el momento de irse a casa. La política siempre tiende a moverse alejada del ciudadano. Sus intereses no son los nuestros y eso lo demuestran en su día a día, en las propuestas que llevan a pleno y en las polémica que ellos mismos generan para seguir animando su propio caladero de votos, que es de lo que viven.
Alejados de ese debate irrelevante seguimos el resto, sabiendo que quienes están ocupando puestos en esos partidos cada vez se esfuerzan más en alimentar sus propios conflictos, en hacer su propia agenda basada en intereses y seguir viviendo de lo que para ellos se ha convertido en un oficio. Hay algunos que, de no tener eso, no servirían absolutamente para nada.
En otras comunidades se ha sido fuerte, han adoptado restricciones inteligentes y además bien controladas, lo que ha permitido bajar de manera asombrosa el número de casos. En Ceuta no. Aquí sacamos decretos que después no se cumplen, aquí se llega a confesar que el agotamiento y la fatiga hacen que los ciudadanos incumplan y se muevan más, reconociendo que es imposible cortar dicha movilidad. Aquí se publicitan medidas que luego no son efectivos y cada fin de semana, si el tiempo acompaña, es un grito de apoyo al virus. Y así estamos que no bajamos, y así estamos que seguimos entrando en un bucle sin descanso, con una presión hospitalaria grave sobre la que se quiere pasar por encima como si no sucediera nada. Pero sucede. Tanto que sigue un goteo constante de muertes que se torna en imparable.






