A lo largo de los últimos meses los titulares nos han estado diciendo cómo empezamos a salir de la crisis y ya se ven los primeros brotes verdes. Esto lo confirman las cifras macroeconómicas, pero en la práctica no sé hasta qué punto se está notando dicha recuperación.
Está claro que la globalización ha resultado en una enorme interdependencia entre diferentes países y mercados. Además, durante la última década hemos visto cómo España como país dispone de un menor margen de maniobra a raíz de instaurarse el euro y el Banco Central Europeo. Es muy probable que la perdida de poder del Banco de España para fijar los tipos de interés (en favor del Banco Central Europeo que mira a toda Europa en su conjunto) haya acentuado en el pasado tanto el boom como la crisis que hemos vivido.
Históricamente también recuerdo mucho activismo y movimientos en contra de tanta globalización, a los que no se les llegó a hacer mucho caso ya que la globalización era una parte fundamental del crecimiento económico de la época. Sin embargo, pienso que dicho crecimiento no se consiguió de forma adecuada y sostenible.
Además, hoy en día hay muchas voces diciéndonos que el crecer igual no necesariamente ha de ser el fin, e incluso apuntan a que el Producto Interior Bruto no sea el indicador de bienestar más adecuado. Por ejemplo, en una ciudad donde se hayan mejorado los carriles bici y mucha gente cambie el coche por la bicicleta, todos los ciudadanos disfrutarán de mejor calidad de aire pero el cambio a la bicicleta tendría un efecto negativo en el Producto Interior Bruto.
Últimamente también se escuchan muchas voces a favor del movimiento conocido como ‘Glocal’ –piensa en Global, actúa en Local–. Lo que se busca es una sostenibilidad entre la tecnología, la actividad del ser humano y la naturaleza a través de un equilibrio entre lo Global y lo Local. Básicamente, gracias a la tecnología estamos conectados al mundo pero esta globalización se puede adaptar mejor a cada región o territorio según su cultura y peculiaridades generando aprendizaje, actividad económica y riqueza.
Esto poco a poco se está traduciendo en una vuelta al comercio local y autóctono. Incluso cada vez estamos viendo muchas marcas mundialmente conocidas que están apostando por un posicionamiento ‘Glocal’ en diferentes países.





