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Datos frente a demagogia: desmontando la falsa narrativa sobre las subvenciones religiosas en Ceuta

Hay silencios que duelen más que los ataques. Y en Ceuta, una ciudad acostumbrada a convivir entre culturas, religiones y acentos distintos, el silencio frente a la mentira tiene un coste alto: erosiona la confianza, alimenta la división y da voz a quienes usan la religión como arma política o personal.

Durante los últimos días, algunas declaraciones del señor Abdelmalik Mohamed, presidente de la Asociación de Consumidores Halal, han generado una notable polémica en torno a las subvenciones que el Gobierno de Ceuta concede a distintas confesiones religiosas.

En su artículo, difundido bajo un tono pretendidamente fiscalizador, el señor Mohamed afirma que las mezquitas de Ceuta están financiadas por Marruecos” y que, pese a ello, la Ciudad destina “350.000 euros” para su rehabilitación.

Esa afirmación, además de carecer de respaldo documental, es falsa, confusa y deliberadamente engañosa. No solo distorsiona la realidad presupuestaria de Ceuta, sino que manipula la opinión pública sobre un asunto que exige precisión, no demagogia.

Escribo estas líneas con indignación, pero también con un profundo sentido de responsabilidad. Indignación por el contenido del artículo firmado por Abdelmalik Mohamed, y difundido por algunos medios amigos de su causa. Y responsabilidad porque, ante la gravedad de las falsedades vertidas en ese texto, la Comisión Islámica de España en Ceuta, la institución que debería haber salido a desmentirlo, ha optado por el silencio. Un silencio que duele, que desconcierta y que muchos sentimos como un abandono.

La verdad sobre la supuesta "financiación marroquí"

Conviene aclarar un punto fundamental que el señor Abdelmalik omite o desconoce: Marruecos no financia ni las obras, ni el acondicionamiento, ni el equipamiento de las mezquitas de Ceuta. No existe ninguna aportación del Estado marroquí destinada a estos fines.

Lo que sí existe, y conviene decirlo con claridad, es una ayuda económica parcial procedente del Ministerio de Asuntos Religiosos de Marruecos, dirigida exclusivamente a los imames como complemento de sus sueldos.

La comunidad musulmana de Ceuta está inmensamente agradecida por esta aportación, que permite mantener a imames de gran valía y extrema importancia en nuestra vida cultural y religiosa, además de colaborar en la supervisión religioso-cultural debido al gran vínculo histórico que une a la comunidad musulmana ceutí con Marruecos.

Es importante destacar que esta ayuda no pasa en absoluto por las entidades que representan a las mezquitas, sino que llega de forma directa a los imames (ministros religiosos). Asimismo, no cubre el mantenimiento ni los gastos materiales de los lugares de culto.

De hecho, una parte fundamental de la dignificación económica de los imames se sostiene principalmente gracias a las aportaciones voluntarias de los fieles, como se ha hecho durante generaciones, mucho antes de que existiera cualquier ayuda del Ministerio de Asuntos Religiosos de Marruecos, ni ayuda del Gobierno de la Ciudad. Son los propios creyentes quienes sufragan el mantenimiento, el equipamiento y la seguridad social de sus imames y de las mezquitas, con un esfuerzo constante y silencioso.

El resto de los gastos, mantenimiento, equipamiento, seguros sociales (este desde que se implanto), lo asume íntegramente la propia comunidad musulmana de Ceuta, de manera histórica y sostenida por cada imam desde hace generaciones, mucho antes de cualquier contribución exterior o local.

Esto demuestra independencia, compromiso y responsabilidad de la comunidad local, y desmonta de manera rotunda la narrativa de Abdelmalik de que los musulmanes “dependen” de Marruecos para sostener sus lugares de culto.

Por tanto, afirmar que Marruecos “mantiene” las mezquitas de Ceuta no solo es absolutamente falso, sino que constituye un desprecio hacia la capacidad, la independencia y el compromiso de la comunidad musulmana local.

El valor de mantener templos dignos

Entre 2023 y 2025, la Ciudad Autónoma de Ceuta ha destinado recursos significativos para garantizar que los lugares de culto sigan cumpliendo su función de manera digna y segura.

La comunidad cristiana, que incluye la Catedral de la Asunción y templos históricos como la Iglesia de Nuestra Señora de África y la Iglesia de San José (tan emblemática y querida), ha recibido ayudas que suman aproximadamente 1.790.000 euros en este período. Estas partidas han permitido realizar trabajos de restauración integral, mantenimiento de cubiertas y mejoras estructurales que aseguran que estos espacios puedan acoger con seguridad a fieles y visitantes.

Por su parte, la comunidad musulmana de Ceuta ha recibido 350.000 euros en 2025 para la rehabilitación de mezquitas, incluyendo la reparación de techos, paredes y suelos deteriorados, con el objetivo de ofrecer instalaciones dignas para el culto y las actividades comunitarias.

Es fundamental subrayar que estas ayudas se suman al esfuerzo constante de los fieles, quienes desde generaciones atrás han asumido los gastos de mantenimiento, equipamiento y acondicionamiento, reforzando así un modelo de autogestión y compromiso comunitario que ha sostenido la vida religiosa musulmana en la ciudad.

Aquí la cuestión no es quién obtiene más y quién menos, sino garantizar que los templos que realmente lo necesiten reciban apoyo, sin distinción de credos. Estas ayudas son mucho más que una inversión en patrimonio arquitectónico: representan un reconocimiento al papel esencial que la religión y la comunidad desempeñan en la cohesión social, el respeto mutuo y la transmisión de valores, fortaleciendo la convivencia en esta ciudad multicultural.

Los números hablan por sí mismos, señor Abdelmalik Mohamed, en respuesta a su afirmación de que las mezquitas de Ceuta reciben un trato privilegiado por parte del Gobierno local. Los datos oficiales de subvenciones concedidas por la Ciudad Autónoma de Ceuta entre 2023 y 2025 desmontan completamente esta afirmación:

Entre 2023 y 2025, las subvenciones otorgadas muestran claramente que no existe un trato de favor hacia ninguna confesión, sino que las ayudas se distribuyen siguiendo criterios objetivos de conservación y mantenimiento de templos históricos y espacios de culto.

Es cierto que la Ciudad Autónoma ha sacado convocatorias de concurrencia competitiva para subvenciones destinadas a la mejora y rehabilitación de templos de todas las confesiones. Sin embargo, la Comisión Islámica de Ceuta no presentó ningún proyecto en años anteriores, por lo que no se registraron ayudas a las mezquitas hasta 2025.

En 2023, la comunidad cristiana recibió un total de 1.145.000 euros, destinados a la Iglesia de Nuestra Señora de África (100.000 €), la Iglesia de San José (345.000 €) y la Catedral de la Asunción (700.000 €). En ese mismo año, no se otorgó ninguna subvención específica a las mezquitas.

En 2024, las iglesias recibieron ayudas en concurrencia competitiva por un monto estimado de 445.000 euros, mientras que las mezquitas tampoco recibieron subvenciones al no haberse presentado proyectos.

Ya en 2025, la Ciudad Autónoma destinó aproximadamente 200.000 euros a la rehabilitación de iglesias y templos históricos, y otorgó 350.000 euros a las mezquitas, tras la presentación de proyectos por parte de la Comisión Islámica, con el objetivo de garantizar instalaciones dignas y seguras para el culto musulmán.

Estos datos evidencian que las ayudas se asignan de forma transparente y proporcional a las necesidades reales de conservación de cada templo, y desmontan cualquier afirmación de que las mezquitas reciben un trato privilegiado. La gestión demuestra equilibrio y compromiso con todas las confesiones, garantizando que tanto cristianos como musulmanes u otros templos de la Ciudad pertenecientes a otras confesiones puedan disfrutar de templos dignos, seguros y accesibles, en beneficio de toda la ciudadanía.

Es importante subrayar que estas subvenciones se otorgan siguiendo criterios objetivos, priorizando la conservación de edificios históricos y la seguridad de los fieles, sin discriminar ni favorecer a ninguna confesión. Cualquier insinuación de trato de favor carece de fundamento y no se sostiene frente a la evidencia documental.

Sobre la representatividad del señor Abdelmalik y el Instituto Halal

Cabe destacar que ni el señor Abdelmalik Mohamed ni el Instituto Halal que afirma representar tienen legitimidad para hablar en nombre de la comunidad musulmana de Ceuta. La realidad es que muchos fieles y miembros de la comunidad perciben estas organizaciones más como un negocio opaco que como un instrumento de servicio religioso o social.

Las constantes denuncias y críticas sin fundamento que se han publicado, lejos de reflejar un interés genuino por la transparencia, parecen responder a intereses particulares y económicos, relacionados con la gestión del negocio Halal, y no al bienestar de los musulmanes ceutíes ni a la conservación de sus templos.

Cabe añadir que la desavenencia entre el señor Abdelmalik y los miembros de la Comisión Islámica de Ceuta viene de lejos, originada en conflictos y discrepancias sobre la gestión del negocio Halal y otros intereses particulares, más que en cuestiones objetivas sobre la transparencia o el mantenimiento de las mezquitas.

Este historial explica en gran medida la intensidad y el sesgo de sus ataques, que buscan desacreditar a quienes gestionan con integridad la Comisión Islámica, en lugar de aportar análisis o propuestas constructivas.

Por eso, cualquier insinuación sobre supuestos favores o irregularidades hacia la comunidad musulmana carece de respaldo real y no representa el sentir de la mayoría de los fieles, que día a día contribuyen de manera voluntaria y responsable al mantenimiento de sus mezquitas y a la vida espiritual de la ciudad.

Resentimiento y disputa histórica: el trasfondo de las acusaciones

Es importante entender que las críticas del señor Abdelmalik Mohamed no surgen en un vacío. Detrás de sus acusaciones hay un resentimiento profundo y una disputa histórica con los miembros de la Comisión Islámica de Ceuta, originada por desacuerdos y cuestionamientos al negocio del mundo Halal en la ciudad.

Este resentimiento se ha traducido en ataques constantes que buscan desacreditar la gestión de las mezquitas y el trabajo de quienes, con integridad y compromiso, mantienen vivas las instituciones religiosas musulmanas. Sus declaraciones no reflejan un interés genuino por la transparencia ni por el bienestar de la comunidad; más bien, son un intento de poner en entredicho la autoridad y la reputación de la Comisión Islámica, generando desconfianza entre los fieles y la sociedad.

Como ejemplo, en sus propias palabras, Abdelmalik afirma:

"Tanto el dinero que se entrega a las iglesias católicas como el que se da a los hindúes, estamos tranquilos porque sabemos que se va a gastar bien. Sin embargo, el oscurantismo sobre el destino del dinero a la Comunidad Islámica provoca que el gran derrotado sea el islam y los musulmanes de bien".

Esta declaración evidencia cómo sus graves afirmaciones se basan en percepciones subjetivas y prejuicios, no en datos verificables. La insinuación de “oscurantismo” y de un supuesto perjuicio para el islam refleja su animadversión personal y su falta de conocimiento sobre la gestión real de las mezquitas, ignorando que el dinero destinado a la comunidad musulmana ha sido manejado con total transparencia y responsabilidad.

Es evidente que estas acusaciones tienen un trasfondo personal y económico, pues se relacionan con la forma en que se gestiona el negocio Halal, un sector con intereses privados que Abdelmalik cuestiona de manera reiterada. Al mezclar sus disputas personales con afirmaciones públicas sobre subvenciones y financiación, pretende sembrar dudas sobre la independencia y la capacidad de la comunidad musulmana local, algo totalmente infundado.

Por ello, es imprescindible leer sus ataques dentro del contexto de esta relación tensa y conflictiva. Lejos de representar la voz de la comunidad musulmana de Ceuta, sus declaraciones reflejan una animadversión personal hacia quienes gestionan con seriedad y responsabilidad la Comisión Islámica, y buscan, mediante la desinformación, influir en la percepción pública de manera injusta.

En conclusión, el resentimiento de Abdelmalik no solo es nocivo para la cohesión de la comunidad, sino que también evidencia que sus críticas carecen de fundamento y están motivadas por intereses particulares, no por un compromiso real con la transparencia o la gestión adecuada de los lugares de culto.

El silencio que duele: la Comisión Islámica debe hablar

El mutismo de la Comisión Islámica de España en Ceuta frente a las afirmaciones de Abdelmalik Mohamed ha dejado un vacío peligroso. Cuando se difunden mentiras que cuestionan la capacidad, el compromiso y el esfuerzo de quienes gestionan las mezquitas, la reacción de la institución debería ser firme, clara y pública.

No basta con callar. El silencio ante acusaciones injustas alimenta la desinformación, permite que los rumores se propaguen y da espacio a quienes buscan desprestigiar a la comunidad musulmana local y sus instituciones, poniendo en duda su independencia y compromiso histórico.

Además, la falta de respuesta genera una percepción equivocada entre los fieles y la sociedad en general, como si estas acusaciones tuvieran algún respaldo o veracidad, debilitando la confianza en la Comisión Islámica y en quienes trabajan día a día para mantener las mezquitas dignas y operativas.

La Comisión Islámica tiene la responsabilidad ética y moral de defender no solo la verdad, sino también la imagen de la comunidad que representa. Una reacción pública y bien fundamentada no solo desmontaría las falsedades, sino que también reafirmaría la independencia, transparencia y compromiso de los musulmanes ceutíes, mostrando que la gestión de sus lugares de culto es seria, responsable y totalmente local.

Y más allá de la comunicación pública, si existen indicios de vulneración de la legalidad, corresponde actuar jurídicamente en los tribunales, sin importar quién sea el responsable, incluidos medios de comunicación o particulares que difundan información falsa o calumniosa. Defender la verdad ante la ley es un deber institucional y un derecho fundamental para proteger la reputación y los intereses de la comunidad musulmana.

En este contexto, guardar silencio ante ataques infundados no es prudente; es perjudicial. La historia, el esfuerzo y la dedicación de la comunidad musulmana merecen ser defendidos, y la Comisión Islámica no puede permitirse dejar ese papel vacío.

Porque la verdad no puede quedar en silencio.

Y porque decir la verdad, aunque incomode, también es un acto de fe.

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