Mientras el Estrecho soporta una presión sin igual, con salidas de balsas de juguete cargadas de subsaharianos, los puntos limítrofes de Ceuta se convierten en vías para los negocios más ilícitos, que son explotados por las redes organizadas que se dedican al tráfico de personas. Hasta el CETI llegan, día sí, día no, inmigrantes que ni se saben por dónde ha entrado, constituyendo un goteo imposible de controlar. A las balsas se suman otras vías de pase: los dobles fondos de vehículos o las motos de agua, pilotadas por marroquíes que cruzan el espigón de las bahías para desembarcar a quienes llevan de ‘paquete’.
Ayer, a plena luz del día, esa fue la maniobra elegida por uno de esos pilotos que consiguió dejar en plena playa del Tarajal, repleta de bañistas, a un subsahariano de Mali. Lo desembarcó, lo dejó en el agua delante del puesto de Cruz Roja y a sabiendas de que el joven no sabía nadar. Después se dio a la fuga en un auténtico pase-exprés. Eran las 14.30 horas, y su acción constituyó un visto y no visto para las fuerzas de seguridad. Los voluntarios de Cruz Roja se arrojaron al agua para auxiliarlo.
El subsahariano fue reconocido por los voluntarios de Cruz Roja que vigilan la playa y la Guardia Civil terminó haciéndose cargo de él, para su posterior entrega a la Policía Nacional. El maliense llegó beneficiándose, previo pago, de un pase rápido y seguro. A él pueden optar aquellos sin papeles que disponen de mayor capacidad económica para sufragar los más de mil euros que cuesta este traslado. Otros deben partir en balsas, como las que a diario son localizadas por las patrulleras de Salvamento Marítimo, contándose este año y como gran novedad, con la colaboración prestada por las patrulleras marroquíes.
Curiosamente, los últimos diez inmigrantes que han entrado en la ciudad sin ser vistos eran naturales de Mali. La Policía sospecha que cinco llegaron en balsa, y se teme que el resto pudiera haberlo hecho en moto de agua o en vehículos.






