El diputado Carlos Verdejo tuvo su momento de gloria. Lo buscaba, se levantó, se colocó ante el atril e hizo el juego fácil.
Ya sabía perfectamente el resultado, pero le sirvió para, ahora, enarbolar la bandera de ser el diputado díscolo del foro asambleario a los que los demás no siguen porque supuestamente son unos vendidos al poder o unos faltos de valor.
Su propuesta de sondear una moción de censura contra Vivas sin candidato, sin estrategia y sin diálogo, más parecía asemejarse a una especie de show que a otra cosa. Una forma de llamar la atención para erigirse en una especie de líder contra la era Vivas.
Su discurso, desmontado por evidencias claras, es ilógico para quien aspira a liderar otra formación y ejercer una oposición constructiva y clara.
Solo así se logran resultados positivos en política, lo demás solo sirve para rellenar titulares, tener sus momentos de gloria, sus vídeos y su red de comentarios de aplauso fácil.
La asamblea de Ceuta no está para estos circos, tampoco para escenificar burdas apuestas echando a suertes algo tan serio como la gobernabilidad de Ceuta. Verdejo, liberado de la censura impuesta por los suyos, quiere recuperar el tiempo perdido captando el foco, aunque no se dé cuenta que su tren ya lo perdió.






