El reciente temporal en el Estrecho ha dejado a Ceuta incomunicada unos días por mar y aire en unos de los momentos más delicados: la evacuación urgente de dos bebés recién nacidos que necesitaban atención especializada e inmediata fuera de la ciudad. Ambas salieron adelante gracias a una coordinación ejemplar entre los profesionales sanitarios, Salvamento Marítimo, las autoridades portuarias de ambas orillas y las fuerzas de seguridad. La familia de uno de los menores lo ha resumido con palabras sencillas y contundentes: “rapidez, profesionalidad y humanidad”.
Ese agradecimiento es justo y necesario. Porque cuando los medios habituales no podían operar por el viento, se buscaron alternativas, se tomaron decisiones rápidas y se actuó con responsabilidad. Funcionó. Y eso habla bien de quienes estuvieron al frente en momentos de máxima tensión.
Pero lo ocurrido también vuelve a poner sobre la mesa una realidad que no se puede obviar. Ceuta sigue sin contar con una UCI pediátrica ni con determinados especialistas clave, lo que obliga a evacuar a los menores en situaciones críticas. Cuando el temporal lo permite, el traslado ya en sí es una prueba dura; y cuando no es posible, la fragilidad del sistema se hace más que evidente.
Los temporales en el Estrecho no son excepcionales, bien lo sabemos todos. Se anuncian y se repiten. Por eso, anticiparse y reforzar los recursos no es una opción, es una necesidad.
Dotar a Ceuta de una UCI pediátrica es una cuestión de seguridad, de tranquilidad para las familias y de justicia sanitaria para Ceuta y los ceutíes.
Situaciones como las ocurridas estos días, lo ponen de manifiesto. En esta ocasión, ambas respuestas han resultado ejemplares. Ahora toca que la lección no se la lleve el viento, nunca mejor dicho.






