Día grande en Italia para el movimiento por los derechos de los animales. Cientos de activistas, rodearon y entraron en “Green Hill”, un criadero de animales donde se crían y encierran a 2500 beagles para abastecer a los laboratorios con víctimas de la experimentación. Fue después de una marcha en contra de la vivisección, cuando a pesar del cordón policial, los activistas lograron entrar en las instalaciones y llegar a las jaulas donde se mantienen cautivos estos perros. Cuando apareció el primero, en brazos de su rescatador, la alegría de los que esperaban fuera se convirtió en aplausos y cientos de manos alzaron al pequeño por encima de la valla de alambre. Así se fueron sucediendo los demás rescates. Hasta 30 perros pudieron ser salvados del infierno. Algunos están en buenas manos y descansan tranquilos después de haber pasado por el veterinario donde se comprobó que a muchos de ellos ya les habían cortado las cuerdas vocales. Esto se hace para no tener que escuchar sus gritos de dolor cuando estuvieran siendo viviseccionados. Por desgracia y ante el claro sufrimiento de estos perros, la “justicia” no tiene nada bueno que aportar ya que ante la ley, los animales siguen siendo propiedades así que para ésta, por muy extraño que parezca, estos salvadores no estaban rescatando perros sino que los estaban robando. La policía cortó las salidas e interceptaron a los coches que salían de “Green Hill”. Lo que se sabe es que 12 personas están arrestadas en la cárcel de Verziano en Brescia, hombres y mujeres que están arriesgando su libertad para conseguir la de los demás. Personas valientes posiblemente acusadas de daños, hurtos, robos o resistencia a la autoridad. Para algunos puede que delincuentes, para mí, sencillamente héroes.





