Al director territorial de Ingesa, Fernando Pérez Padilla, le han salido enemigos por todas partes. Desde que se le otorgó la confianza para llevar las riendas del Área se ha convertido en diana de los ataques que llegan no sólo del ámbito sindical, sino también de aprovechados frentes políticos. La crítica le viene en el sueldo y en el cargo, así que a Pérez Padilla le toca ahora enfrentarse con ese sentimiento de acoso que ya padeciera en su día Malika Abdeselam –reconvertida en dardo sanitario a través de su sindicato– o el propio Jesús Lopera.
La función de los sindicatos del ramo sanitario es la del ejercicio de una crítica constructiva, ejerciendo la lucha que les encomiendan sus propios afiliados. Su crítica y su control fiscalizador de lo que haga o deje de hacer la Dirección Territorial merece todo el respeto, porque los sindicatos, con momentos más o menos críticos, siempre han estado ahí, en esa línea de acecho constante que les hace tener un sentido.
Pero en este verano en el que las fuerzas políticas explotan su querencia por tener un hueco en la prensa, hemos asistido a patinazos de toda índole con notas de prensa firmadas por unas siglas que o se equivocan o padecen, sospechosamente, amnesia. Y eso, miren ustedes, ya no es tan respetable.
El PSOE aprovecha el momento para, teniendo en cuenta el problema enquistado en los teleoperadores del 061 que llevan más de cien días sin cobrar, ejercer una crítica y acusar a la Dirección Territorial de no tener empatía con los afectados y mostrar una clara falta de compromiso con los trabajadores.
Y esto escuece. Escuece no por lo que se dice, sino por quién lo dice. ¿Que venga el PSOE a hablar ahora de compromiso y de empatía con trabajadores del ámbito sanitario que no cobran?, ¿qué venga ahora a decirnos que su número 1 va a reunirse con los afectados porque es muy sensible a los problemas?... A los socialistas no se les puede perdonar la amnesia porque su número 1 fue precisamente asesor del delegado del Gobierno José Fernández Chacón y sabe muy bien lo que pasó en aquella época.
Por aquel entonces estalló el conflicto con los trabajadores de las ambulancias, ¿lo recuerdan? Los afectados tampoco cobraban, ni se les abonaba las pagas extra, ni se les atendía como se debía. Y así estuvieron hasta que amenazaron con liarla y convocar una concentración a las puertas de la Delegación del Gobierno, justo frente a la ventana del despacho que ocupaba Carracao, en el que, se supone, algo trabajaría (al menos calentando la silla). Estos trabajadores protestaban por su situación y así estuvieron hasta que consiguieron encontrar una salida inicial al conflicto. Y fue inicial porque las inestabilidades no han desaparecido.
Claro, aprovechar ahora la problemática deplorable que afecta a los teleoperadores para cargar las tintas contra la Dirección y hablar de preocupaciones, compromiso con los trabajadores y empatía suena un hipócrita viniendo de un partido que, cuando tenía el poder, cometió esos mismos errores. Aceptamos críticas, pero nacidas del respeto.
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