Los comodones ciudadanos nos quejamos por todo. Por un lado decimos sentirnos desprotegidos ante el aumento de casos, exigiendo al Gobierno de la Nación que incluso ponga en marcha una ley para que todos la acatemos. Por otro, cuando el Gobierno actúa, y lo hace de la forma más suave posible, protestamos porque nos imponen normas tipo pasaporte covid o empleo de mascarillas en el exterior. Somos comodones y somos necios, porque encima nos gusta jugar con nuestra salud y la de los demás, simulando ser niños chicos que escapamos del control de nuestros padres para hacer trastadas.
Con esto de la pandemia, que nos llegó de la forma más cruel que pueden llegar los cambios, pensábamos que algo íbamos a aprender. Pero se nos ha olvidado bien pronto los muertos, el hacinamiento en los hospitales e incluso el miedo. Los casos aumentan, los síntomas son menos graves y el egoísmo aflora entre quienes hasta son capaces de ocultar que tienen el virus y se dedican a no adoptar medida alguna, camuflándolo con un simple resfriado.
Toda aquella solidaridad, lo que supuestamente se aprendió en el confinamiento, esa reflexión que nos había dominado a marchas forzadas de tanto ver muertes y sufrimiento ha durado bien poco. No aprendemos, somos así, eternos egoístas atrapados en un mundo que no queremos cambiar. Ni siquiera a golpe de desgracias.
Hoy, 24, muchos celebrarán la ‘Tardebuena’ como si nada pasara, como si no hubiéramos sufrido una pandemia terrible ni estemos camino de una sexta ola crítica. En breve llegarán las fiestas de fin de año para las que ya se han organizado encuentros privados sin respeto de aforo y, por supuesto, sin cumplir las normas. En un claro ejemplo de que bien poco nos importa lo que pasó y lo que sigue ocurriendo ya que no se está dispuesto a vivir la vida de otra manera bien distinta a la extrema, se mire por donde se mire.
Los comodones ciudadanos somos así. Nos quejaremos por las consecuencias que vendrán, porque todo llega. Denunciaremos a un gobierno por ser demasiado flojo, al mismo al que hemos criticado por imponer las medidas menos restrictivas jamás vistas. Nos creemos niños chicos escondiendo caramelos. Pero no lo somos, ni jugamos con una regañina. Jugamos con la vida.






