Una persona muy especial me dijo justo ayer lo siguiente: “El deporte va enlazado con la calidad humana”. Tenemos en nuestro país ejemplos que encarnan esa unión, como Rafa Nadal, el mejor deportista español de todos los tiempos. Sin embargo, existen otros casos que resultan difíciles de digerir.
Vinícius Júnior y Kylian Mbappé, dos jugadores del Real Madrid de talla mundial, se negaron a posar con una camiseta que llevaba un mensaje muy sencillo. “Todos somos caballas”, una simple línea de apoyo para el pueblo de Ceuta.
Como viene siendo habitual en los últimos años en el club blanco, la falta de educación y respeto ocupó las portadas antes que lo deportivo. Acataron la norma de llevar la camiseta, pero tapando parte del mensaje, una auténtica niñatada.
No solo es un atentado contra la solidaridad, sino también una falta de empatía hacia el país en el que viven y del que se lucran económicamente. No había discurso ni compromiso político, solo un gesto que presente compañía y calor a una ciudad autónoma que, desde hace ya demasiado tiempo, vive un auténtico infierno diario.
Con este acto infantil, parecen olvidar cómo están viviendo esos cientos de niños que llevan alegremente sus camisetas y sus nombres serigrafiados en la espalda. Qué decepción cuando se enteren que sus ídolos no siempre están a la altura de los valores que uno les atribuye. Quizás es que nunca los tuvieron.
En lo deportivo, José Mourinho fichó por el club de la capital para poner orden. No obstante, por lo visto, el club blanco sigue siendo una vergonzosa guardería, donde todos quieren el mismo juguete y ninguno está dispuesto a compartirlo.
Vinícius y Mbappé, también Konaté, ganaron de milagro contra el Elche, en un encuentro en el que la niñería brilló más que el fútbol. Demostraron una vez más que el Real Madrid no es un equipo, simplemente, personajes sueltos únicamente preocupados por ellos mismos y sus lacrimógenas campañas publicitarias.
En el siguiente partido, mostrarán de nuevo su talento, pero no hará falta encender la televisión para conocer la carestía de nobleza, honor y dignidad, valores que parecen estar en detrimento en las grandes esferas. Como futbolistas, extraordinarios; en cuanto a calidad humana, permítanme abrirles la puerta para que se vayan.






