La mar. Hizo una cosa el calamar. Encontrar una escondrijo. No quería ser visto. Más sabía esconderse. Muy atento estaba el Rey Neptuno.
Creyendo ser astuto.
Más encontró un absurdo.
Bajar a más de lo suyo.
La apnea cultivo.
Las leyes naturales encontró.
Y cayó desplomado.
Maldito rey.
Fuiste cruel.
Pero no ayudaste.
A este bendito rey de su casa.
Las lágrimas sacastes.
De ella gran familia.
Y te llevaste a otro mar.
El de la fantasía.
Maldita manía.
De no escuchar.
Esa voz de la experiencia.
La cual te decía:
"Ten cuidado, alma mía,
Que todo tiene su días.
No te equivoques.
Que tienes ese niño.
El cual no verá a su padre.
Y te llorará en el futuro.
No es conveniente.
De sacudirse en la mar.
Y más cuando llega.
Los pulmones fuera de tiempo.
Reluciente será tu futuro.
En busca del mero.
Que te ha llevado.
A el otro lado.
Mis bendiciones tendrás.
Hasta que nos veamos.
En el más allá.
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