Soy madre de un niño con autismo que cumplirá 4 años en noviembre y quiero compartir una situación que me parece injusta. Recientemente solicité la tarjeta de estacionamiento para personas con discapacidad con el fin de facilitar sus traslados a terapias y consultas médicas, pero mi petición ha sido denegada con el argumento de que mi hijo “no tiene movilidad reducida”.
Lo que me sorprende es que aquí mismo, en Ceuta, hay familias con hijos autistas sin problemas de movilidad física a quienes sí se les ha concedido la tarjeta. Entonces, ¿qué criterios se están utilizando? ¿Por qué unos sí y otros no, siendo la situación muy similar?
El autismo no siempre implica problemas físicos, pero sí conlleva dificultades reales en la calle: riesgo de fuga, desorientación, conductas imprevisibles y necesidad de supervisión constante. Los padres y madres lo vivimos cada día, y sabemos lo importante que es poder aparcar cerca para garantizar la seguridad de nuestros hijos.
No pedimos privilegios, pedimos igualdad de trato y que se reconozcan las necesidades de todos los niños con autismo en nuestra ciudad. La coherencia y la sensibilidad en la aplicación de estos criterios es fundamental para que las familias no nos sintamos desamparadas.
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