Con el inicio del curso escolar se da publicidad a los distintos programas de lucha contra el acoso. Nunca tuvimos tantos avances y recursos para detectar este tipo de situaciones como también miedos e inseguridad entre los padres a lo que pueda ocurrir en las aulas o fuera de ellas, en su entorno más directo. Los docentes suman fuerzas para evitar casos sangrantes en el alumnado, pero a pesar de ello siguen sucediéndose situaciones extremas que influyen muy negativamente en la personalidad del niño y adolescente, en su autoestima, hasta el punto de llegar a rechazar la asistencia a clase.
La lucha contra el acoso escolar es labor de todos, no podemos descargar sobre los centros escolares la única responsabilidad. Como padres tenemos que estar implicados en denunciar cualquier incidencia o temor que se produzca, al igual que evitar que dentro de nuestros propios núcleos familiares se produzcan comportamientos atentatorios contra el mínimo respeto a las normas básicas de convivencia, permitiendo que nuestros propios hijos puedan provocar situaciones de acoso.
Nosotros tenemos mucha culpa de lo que pueda suceder. A los centros escolares podremos recriminarles si no reaccionan, no intervienen o no colaboran en evitar y detectar estas situaciones, pero en nuestra mano queda el cooperar para que en nuestro propio grupo familiar no se permitan comportamientos radicales que puedan trasladarse al modo de presión y abuso que un menor pueda ejercer sobre otro. Comienza el curso escolar y la difusión de programas contra el acoso además de la venta de imagen de un Ministerio volcado en que no surjan este tipo de situaciones. Que eso quede en una mera campaña de imagen depende mucho de los propios centros pero también de nosotros. Si desde ambos lados no sumamos fuerzas estaremos provocando que se produzcan situaciones que pueden terminar de la peor de las maneras, lo estaremos provocando por no educar adecuadamente o mirar hacia otro lado.






